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Los dos pablos, Echenique e Iglesias, el día que consiguieron llegar al Gobierno. / RTVE

Opinión, Política

Radiografía de un golpe maestro

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Querer es poder dice el refranero, y no al contrario. Porque también nos advierte el viejo sabio que “hace más el que quiere que el que puede”. Unidas Podemos, pero no queremos y posiblemente nunca quisimos. Así podría renombrarse el proyecto político de Pablo Iglesias, o resumirse la mentira de los líderes morados a aquellos que se dieron cita hace una década en la puerta del sol, un 15-M cualquiera

Demasiadas elecciones después, el partido que llegaba para enfrentarse a la casta pasó a codearse con ella. El partido transversal que no era ni de izquierdas ni de derechas pasó a ocupar una posición a la izquierda del PSOE (integrando Izquierda Unida y con ella, el remanente del ideario comunista). El partido que quería tomar el cielo por asalto pasó a ocupar un lugar confortable en el santoral. Y ya no vive en Vallecas. Se ha mudado a Galapagar.

Unidas Podemos, pero no queremos. Porque querer implicaría renunciar a todo lo conseguido hasta ahora no ya en el plano político, sino a título personal. Y eso sí que no. Lo siento Errejón, para ti no había chalet. ¿O no sabías lo que era el comunismo? Todos somos iguales, pero… no lo olvides, unos somos más iguales que los otros.

Los ideales no dan de comer, así que los señores marqueses ahora no pueden más que agarrarse a lo que sea, a cualquier precio, para mantener su nuevo tren de vida y no dejar de aparecer en las fotos de la vida política del país. Lo demás es secundario. Lo que dijeron, lo que dicen, lo que dirán… Lo mismo da, siempre y cuando no les falte el sueldo de diputado más dietas, claro.

Nada para mantenerse en el candelero como retomar el discurso de la nacionalización de empresas eléctricas, algo que nunca ocurrirá pero que genera debate, controversia, marca posiciones, rellena programas de televisión, anima tertulias radiofónicas y alimenta postureos de todo tipo, índole y color. Y mientras se discute, nada cambia. Los precios de la electricidad continúan a su aire y al final del día, copa y puro en el bar del Congreso. ¿Qué tal establecer por ley un formato de factura de la luz estándar que sea clara e inteligible para todos los consumidores? Menuda desfachatez. ¿Y por qué no hacer todo lo necesario para garantizar la competencia entre los operadores de electricidad? Qué despropósito, esto tampoco es factible… Habría que hacer lo mismo en el sector de las telecomunicaciones, los combustibles… No, no, no… Es más fácil proponer nacionalizaciones, el robo institucionalizado o más bien la utopía que entretiene. Unidas Podemos, pero no queremos.

Hace un par de domingos, LaSexta ofrecía un programa especial anunciado a bombo y platillo en el que se entrevistaba a Pablo Iglesias, ilustre vicepresidente del Gobierno. Daba un poco de pudor verle porque, aunque nunca tuvo un aspecto robusto, en esta ocasión parecía que en cualquier momento se iba a echar a llorar como una Magdalena. Aprovechó para quejarse de las presiones que se ejercen en el gobierno por parte de poderes que operan desde las sombras. A estas alturas, ya se había olvidado de que los votantes le eligieron precisamente para que acabase con esos poderes, o al menos para que los combatiese y los denunciase, identificándoles con nombres y apellidos y enfrentándose a ellos hasta donde llegasen sus fuerzas. Pero lo cierto es que le da jindama. Le puede más la buena vida que lleva que la vida justa que se debe al contribuyente. Le puede más su reciente posición privilegiada que las voces y la angustia de aquellos que años atrás abarrotaban la Puerta del Sol. El suyo sí que fue un golpe maestro.

Parece que tenía razón cuando hablaba de la importancia de vivir cerca del pueblo, porque al equiparar la huida de Puigdemont con el exilio de miles de españoles en la guerra civil y la posguerra dejaba claro que había perdido todo contacto con la realidad. El mesías del pueblo indignado ya no estaba entre nosotros. No es que ya no lo es, es que nunca lo fue.

Ratas de departamento

Quienes sabemos cómo las ratas de departamento proliferan entre el profesorado de nuestras universidades, desconfiábamos en su día de que este nuevo líder con pico de oro y su núcleo afín pudiese adolecer del susodicho defecto de origen. Aquellas sospechas son hoy, visto lo visto, abrumadoras. Los vídeos de YouTube, en los que aparecía en sus clases subiéndose a una silla como en El club de los poetas muertos, dejaban ya ver que más se trataba de un imitador que de alguien brillante. Era un copycat. Posiblemente por eso mismo le permitieron llegar hasta donde está hoy, porque en el fondo era inofensivo. Y tirará de oficio para mantener su posición como líder a la izquierda del PSOE, defendiéndose con uñas y dientes para retirarse ya en la política al amparo de una ley de partidos facciosa o bien, y sin el menor pudor, pasar a ser asesor ejecutivo de alguna empresa energética, consultora, etc… No a las puertas giratorias, las de los otros. Comunismo de pura cepa.

En verso: Iglesias y Abascal, en el fondo son igual

Tan diferente y tan parecido a su némesis, Santiago Abascal. Diferentes, porque el discurso de Iglesias al menos se posiciona en la defensa de los desvalidos, mientras que Abascal se alinea oportunistamente con los poderosos para pisar el cuello a quienes mal consiguen respirar. Pero iguales, porque al final ambos solo buscan una narrativa que les permita sacar tajada del estado de partidos, instalarse en la partitocracia y vivir del cuento diciendo lo que sea necesario con el fin último de subir en las encuestas de intención de voto. En verso: Iglesias y Abascal, en el fondo son igual.

Queda saber si, efectivamente, aquellos que salieron a las calles apoyando el incipiente movimiento que desembocaría en la creación de Podemos, aquellos que después se sentirían de nuevo engañados y huérfanos de representantes, han, efectivamente, perdido ya las ganas de vencer. Si estamos asistiendo en primera fila al atraco perfecto, al golpe maestro, o si nos han dejado vivos y más pronto que tarde les llegará la hora de echarse a correr. ¿Quién le iba a decir a Pinochet que sería perseguido y juzgado por sus crímenes en Chile? Pues al loro, queridos representantes y círculo de afines, porque aquí quien la hace, la paga. Antes o después.


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