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El todavía vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias. / EFE

Opinión, Política

¿Qué está pasando en esta España que se desmorona?

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Millones de españoles, preocupados e indignados al contemplar la actualidad política, se preguntan con angustia: ¿Qué está pasando en esta España que se desmorona?

La salida del gobierno de Pablo Iglesias, la moción de censura en Murcia, las elecciones anticipadas en Madrid, la crisis interna en el partido Ciudadanos, el continuo avance hacia la pobreza, las dificultades para vencer la pandemia y recuperar la normalidad, el cierre de muchas empresas, el desempleo masivo y la ruina de millones de españoles son síntomas de una España convulsa y envuelta en una crisis dramática cuyo epicentro está en la corrupción de los políticos y en el pésimo liderazgo.

Ante la realidad que contemplamos, la única conclusión razonable es que España está muriéndose, empujada hacia la tumba por una clase política pésima, corrupta y desnortada.

La unión en torno a metas y objetivos comunes, las ilusiones colectivas y el ambiente de libertad son los elementos claves que hacen a las naciones prósperas y poderosas. En España, esos tres valores están en profundo declive. Nuestra nación está desunida y con algunas de sus regiones remando en contra, hacia la independencia, mientras carecemos de ilusiones, objetivos y metas comunes y las libertades están amenazadas y en retroceso.

Incompetencia

Tanto la izquierda como la derecha llevan décadas dándole martillazos a España desde el gobierno, aplastando sus valores y destrozando sus ilusiones y esperanzas con irresponsabilidad y vileza. Lo que hoy tenemos es fruto de la demolición practicada por el PSOE, el PP y sus socios nacionalistas, a los que han financiado y mimado hasta hacerlos poderosos.

Detrás de la deserción de Pablo Iglesias, de las elecciones de Madrid, convertidas en una cruzada contra el comunismo, de la crisis de Ciudadanos, de la degeneración profunda del socialismo, bajo el liderazgo demencial de Pedro Sánchez, de la pobreza que avanza y de otros males, sólo hay corrupción y más corrupción.

Nada hay más revelador del drama que vive España que el eslogan del Partido Popular para las próximas elecciones en Madrid: Comunismo o libertad. Y sin embargo es el eslogan lógico, porque en realidad se trata de eso, de elegir entre la libertad que trae consigo la democracia o la esclavitud que destila el comunismo, que en España, en lugar de estar enterrado bajo toneladas de piedras para que no resucite nunca, está gobernando, gracias a la voluntad corrompida y maléfica de un político digno de rechazo, olvido y repudio: Pedro Sánchez.

Cuando un país situado en el corazón de la Europa libre y democrática lucha contra el comunismo, que es la peor plaga de la historia y la doctrina más sanguinaria y asesina, es que todo marcha mal.

Los partidos políticos han olvidado su fin primordial, que es la lucha por el bienestar de los ciudadanos y el bien común, para entregarse por entero a la acumulación de poder y privilegios, contaminando con su bajeza a la ciudadanía y destrozando la nación, a la que privan de ilusión, esperanza y unidad. Nadie es más culpable de la actual decadencia de España que la clase política, una tribu maldita que se ha acostumbrado a anteponer sus intereses a todo lo demás, que le ha perdido el respeto a la ley y al pueblo y que está tan corrompida que todo lo que toca lo convierte en basura y fracaso.

La mentira y el engaño son los grandes ídolos de la política española, junto con la ambición desmedida y la mediocridad de los políticos. Nadie sabe por qué se ha marchado Pablo Iglesias del gobierno, abandonando una vicepresidencia con poder para arrojarse a la aventura de Madrid, donde sus posibilidades de triunfo son muy escasas.

Desconocemos cuál será el futuro de Cataluña y los planes que esconden los independentistas vascos y catalanes, como también ignoramos si las elecciones seguirán siendo limpias

Tampoco nadie sabe si Pedro Sánchez, dueño de un PSOE irreconocible que se ha convertido en enemigo de la libertad y del progreso, prepara o no un anticipo electoral. Desconocemos cuál será el futuro de Cataluña y los planes que esconden los independentistas vascos y catalanes, como también ignoramos si las elecciones seguirán siendo limpias o habrán caído, como parece lógico, en la corrupción que lo domina todo y serán falseadas y violadas por el pucherazo.

La España de Pedro Sánchez es inviable y está tan convulsionada y podrida que no puede avanzar ni conquistar un futuro respetable y próspero. Los partidos están deteriorados; la justicia está que da pena, infectada por los mismos males que la política; los legisladores son esclavos de unos partidos políticos que funcionan como mafias; y el pueblo ha sido reducido a ser espectador asombrado y rehén asustado.

Así que ante la pregunta ¿Qué está pasando en España? Solo cabe una respuesta lógica y razonable: nuestra nación está siendo asesinada por sus dirigentes, probablemente la peor clase dirigente de Europa y de buena parte del mundo por su deterioro moral, su baja calidad profesional, su ausencia de valores, su desprecio al ciudadano y su profunda corrupción.


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2 comentarios

  1. Avatar Rafael Gómez Morales

    Magnífico repaso a los políticos, haber si tienen amor propio y arreglan todo lo qué está pasando.

  2. Avatar J Daniel Martín

    El comentario es completo y verdadero.
    No obstante me parece excesivo el ‘café con leche para todos’ con el que se culpabiliza por igual a todos los que pertenecen al desafortunado grupo que conforma nuestra clase (poca clase realmente) política. Yo al menos encuentro entre ellos un pequeño conjunto de personas al que cuesta mucho añadir en esta olla podrida. En este subconjunto existen personas entregadas, honradas y comprometidas con nuestra tierra y nuestras costumbres. Y todo ello a pesar del ‘mantra’ repetido una y otra vez por el resto de representantes políticos profesionales, particularmente por esa gran ‘profesionala’ que deja de observar vigas dentro de sus propios ojos . Creo recordar que se les llamó felónamente mediante el terrible insulto de ‘fachas’o algo así, siendo este calificativo evidentemente inadecuado. Es más, pienso que el (la) insultante realizó una proyección de un defecto propio sobre un alto porcentaje de personas honradas, solidarias, en ocasiones ‘pobres de pedir’ y sin embargo desprendidas, patriotas y en general ‘buenas gentes’ incapaces de desear siquiera un pequeño mal a su prójimo.
    O también por ese personaje acomplejado que los negó públicamente hasta tres veces o más …
    Opino finalmente, que estas personas honradas (ocasionalmente políticos, otras veces simples votantes) debieran ser excluidos de este magnífico escrito.

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