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Toni Cantó, en el programa 'Mask Singer', de Antena 3.

Opinión, Política

Pies, patatas fritas y política

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El sábado pasado quedé en la plaza de Dalí en Madrid con un amigo que vive en esa zona

A mis pies les viene bien caminar un poco, para que conozcan otra de las funciones para los que están hechos. Ellos, que pensaban que su principal función era retorcerse los dedos con la ansiedad propia del que quiere arrancárselos para poder flotar sobre ellos. Los pies son los que me ponen en la Tierra, material y como planeta. Yo prefiero utilizarlos para correr, pues hay pequeños momentos en que ambos se encuentran suspendidos en el aire, y es como si no existieran.

Se podría decir que las piernas tienen una finalidad puramente funcional y por tanto corriente y poco eléctrica. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que la estética de los pies mejora con su amputación. Montañas de pies cortados formando un vertedero sobre el que escalar nuestras cojeras. Solo me encuentro en la divagación y todo esto que llevo escrito, parece que no, pero hace camino sobre el que andar o escribir, que es lo mismo, un grupo de frases que me lleven a una meta donde llegar el primero no tendrá ningún mérito.

Cantó detrás de mí

Estaba como digo, en ese lugar de Madrid con este amigo tomando algo en una terraza, cuando éste me dijo que detrás de mí estaba Toni Cantó. Otro cuyos pies y su cabeza piensan con la misma facilidad y le hacen ir por distintos caminos a la velocidad de los valores con los que Groucho ironizaba en una de sus frases más famosas. Él dice que no ha cambiado, que son los partidos donde ha estado los que lo han hecho. Podría tener la falsa dignidad de echarse la culpa, propia del componente de una pareja que quiere dejar de serlo con eso de «No eres tú, soy yo», tú no has tenido nada que ver en que mire con buenos y golosos ojos a esa nueva mujer, que no la vio venir, pero que cuando lo hizo le hipnotizó con un pase de modelo de ida y vuelta.

Todos los recovecos en el amor político son de una punzante daga en el costado, que al tocarlo si hace falta lo negarás tres veces. Qué casualidad, porque son las veces que, de momento, el mejor actor que político (y sí, lo han leído bien) lleva cambiando de vestuario en el teatro que es la política. Si es así, Toni Cantó lo que tendría que hacer de una vez es fundar su propio partido político, el Partido Cantonés, pero hasta él mismo se daría cuenta de que suena a cuento chino. El pato de esa zona está muy rico, el de nuestro país tiene como objetivo serlo. Es más fácil enriquecerse desde la política que desde las tablas, que se lo digan si no a esa pareja heteronormativa formada por los descastados de Pablo e Irene. La originalidad, Toni prefiere utilizarla para no dejar de sorprendernos con sus malas actuaciones. Y ahora sí que estoy hablando de las políticas.

Un mitin aceitoso

Cuando terminamos de tomarnos nuestras cervezas, dimos una vuelta por la zona y nos encontramos con un mitin de un partido político que ha robado mucho. Entendimos la presencia entonces, en la zona, del mejor degustador de partidos que tiene este país, un fino gourmet con un sentido del gusto acorde a su coherencia política. Pero por mucho que te comas las hamburguesas en un buen restaurante, hay cerebros que solo saben alimentarse con la comida rápida de un buen puesto en el partido de turno. El rey de los cambios políticos ha demostrado ser el Burger King de la misma. Grasa saturada con la que engordar a la vieja política que tanto denostaba. Ha vendido muy barata su alma al diablo, pero él bien sabe que en la vida, y en la política, lo importante es alimentarse rápido mientras el dinero o el poder no nos dejen otra opción. Nosotros somos las patatas congeladas y Toni Cantó, el resultado de freírlas con el peor de los aceites. 


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