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Pablo Medina, a la derecha, entrevista a Andrej, un periodista ucraniano que ha aprendido a manejar las armas de fuego.

Comunicación, Política

Pablo Medina, periodista granadino en Ucrania: «La guerra se ceba con los civiles y, generalmente, con los civiles menos pudientes»

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Con 26 años de edad, este licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra se ha ido a Ucrania para poder contar la guerra sobre el terreno. Ya tenía experiencia en lugares de conflicto tras su periplo el año pasado en Irak. Medina cuenta a EL LIBRE las dificultades que tiene un periodista ‘freelance’ para realizar su trabajo en la actualidad

Desde su cruda experiencia en la unidad de pediatría de Yitomir hasta comprobar in situ cómo los civiles aprenden a manejar el kalashnikov en el Centro Cinematográfico de Leópolis, los ojos de Pablo Medina han podido transmitir a sus dedos información vívida de todo lo que está ocurriendo en la guerra de Ucrania. Y de ahí, a las páginas de La Voz de Galicia. Este joven periodista granadino tiene claro que, para contar bien las cosas -ya sea una guerra o una cola en un centro de salud-, hay que estar en el sitio y empaparse de los detalles que sostienen las consecuencias negativas de las decisiones políticas de gran calado. Ese boomerang que es el que afecta al ciudadano y crea, inevitablemente, el drama humanitario. Por todo ello, Medina, además de sacarse el título de Periodismo en la prestigiosa Universidad de Navarra, se formó en Relaciones Internacionales en la Universidad de Maryland (Estados Unidos) y en la de Tel Aviv (Israel). En esta entrevista, da algunas pinceladas de cómo es la vida de un periodista freelance en territorio hostil.

-Antes de Ucrania, has estado en Irak… ¿Sientes que el periodismo de guerra es el más vocacional?

-No necesariamente. Hay periodistas que fijan su objetivo en cubrir temas políticos, sociales, económicos… El periodismo es un cable conector entre el ciudadano y el mundo que le rodea y hay multitud de enchufes que los lectores, espectadores u oyentes desean conectarse para entender mejor la actualidad. Los periodistas que les facilitan esa información no son menos periodistas que nosotros. Además, la vocación es un arma de doble filo. Muchas veces se prostituye esa palabra con el fin de que los periodistas trabajen gratis o por muy poco dinero bajo la presión psicológica de no estar dedicado a lo que se quiere.

-¿Se puede sobrevivir haciendo periodismo freelance? Y si le añadimos que es en un conflicto bélico, ¿no se trata de un cuádruple salto con doble tirabuzón?

-Se puede sobrevivir. Yo llevo poco tiempo en esto, pero sé de compañeros que lo hacen. Los primeros pasos, es cierto, son bastante complicados. Hay que aprender a moverse, manejarse en el terreno, buscarse financiación y, al final del día, ganar un dinero, que es lo más complicado. Los primeros pasos son de perder o quedarse igual. Pero sí, se puede. Hay veteranos que demuestran que así es.

-¿Cuentas con el apoyo de la embajada española y de otros periodistas españoles que se han desplazado allí para hacer tu trabajo y para lo básico (comer, un sitio para dormir…)?

-La guerra se ceba con los civiles y, generalmente, se ceba con los civiles menos pudientes. Para nosotros sigue habiendo hoteles, comida (aunque el desabastecimiento también hace acto de presencia en las zonas más calientes del conflicto) e internet, pero en las zonas más tranquilas. En zonas en las que el conflicto es más intenso, escasean. Los locales que no tienen dinero suficiente para salir viven como pueden, pero porque tampoco tienen demasiado dinero. Les da para mantener la casa, comer y algún gasto extra. Nosotros no estamos en esa posición. No somos ricos, pero podemos pagarnos la estancia en el país. Eso sí, hay zonas a las que hay que llevar sacos de dormir y comida ya comprada si se quiere permanecer allí, pero en esta guerra no es el caso. Al menos, el mío personal.

-¿En estas semanas que llevas en Ucrania qué es lo más fuerte que has vivido?

-El visitar la unidad de pediatría de Yitomir. Lo conté para La Voz de Galicia.

-Pérez Reverte dijo en una conferencia q llegó a tener un fusil en la sien en la Guerra de los Balcanes. ¿Has vivido alguna experiencia extrema de ese calibre?

-Ninguna.

-La precariedad también ha llegado a la figura del corresponsal de guerra y del freelance que cubre conflictos bélicos. ¿Cómo financias tu estancia en Ucrania? ¿Con cuántos medios tienes que colaborar para poder ganar algo de dinero? Si te pasa algo, ¿tienes algún seguro que te cubra?

-Como reza el dicho, cada maestrillo tiene su librillo. Lo normal es que busquemos otros trabajos que nos permitan ganar un dinero que luego invertimos en estas coberturas. También hay quienes, como yo, hacemos crowdfundings para llevar un colchón que nos permita estirar la cobertura o cubrirnos en materia de seguridad, que no es barata. Diversificar el trabajo es la mejor garantía de rentabilizar los costes. Si acuerdas trabajar para un periódico y una televisión, o un medio online y una radio, se gana más. Eso sí, también es dedicar menos tiempo a ciertas historias porque al final los horarios te condicionan un poco. Un periodismo de profundidad, de temas humanos, es más difícil de llevar trabajando para varios medios. Pero se puede hacer. Todo depende de lo que uno quiera (y pueda) trabajar.

-¿Cómo ha afectado el intrusismo, el periodismo ciudadano, las nuevas tecnologías y las fake news a nuestra profesión?

-Vayamos por partes. El intrusismo laboral no tiene por qué influir negativamente en la profesión, todo depende de los códigos deontológicos que se sigan. Es cierto que, viniendo de carreras que poco tienen que ver con el periodismo, se puede errar con más frecuencia y gravedad, pero tampoco todos los que han estudiado periodismo son buenos profesionales. Mira Miguel Gil, pasó de ser abogado a ser uno de los camarógrafos más importantes del país y del mundo. Y qué contraste hace con voceros que estudiaron periodismo y son propagandistas de manual. El intrusismo no sería un problema si los medios invirtiesen en personal, pero no es el caso. El periodismo ciudadano es un concepto que yo, personalmente, considero una memez. Todo periodista es ciudadano y no por grabar una escena puntual en una crisis, una protesta o una guerra se es periodista. Quien, de forma activa, denuncia una situación o la documenta, no es periodista ciudadano, es o periodista o, en algunos casos, activista. Pero el concepto, a mi juicio, es absurdo. O se es periodista o no se es, no hay medias tintas. Las fake news evidentemente son un problema grave. El periodismo tiene que estar a la altura de las circunstancias. A mí me molesta ver que existen agencias de verificación, porque ese trabajo tiene que hacerlo el periodista antes de publicar nada. Para mí, que existan ya supone de por sí un fracaso monumental. Nosotros en nuestra profesión tenemos que encontrar fórmulas que sean convincentes ante el escepticismo y la desafección del público por lo que consume informativamente. Entre otras cosas, los periodistas tendrían que tener más voz editorial de la que tienen. Sobre todo, los que trabajan en el terreno, patean, hablan con protagonistas y se desviven por las historias. Sobre la tecnología, sólo puedo decir que es buena en la medida de cómo se utilice. La tecnología ayuda a crear historias con unos formatos y unas lecturas muy atractivas y ayudan a tener una difusión mayor. Pero mal empleadas, entorpecen el trabajo. La tecnología nunca puede estar por encima de una historia.

-¿Estamos en la peor época para ser periodista en España? ¿Cuál sería tu consejo para los estudiantes de Periodismo?

-Son tiempos difíciles para ser periodista. Ignoro si hubo momentos mejores o peores, pero este desde luego es poco halagüeño. Mi consejo para los futuros periodistas es sencillo: trabajad, nunca perdáis la ilusión, respetad las historias y nunca os paréis. Este mundo es como nadar en el mar con tiburones. Si te paras, te comen.


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Un comentario

  1. Muy interesante ver en las condiciones que trabajan,como viven al dia…hay que ser de una pasta especial para soportar tanto estrés

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