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Mónica Oltra, en una imagen reciente. / EFE

Opinión, Política

Mónica Oltra y otros siniestros totales

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Los que me conocen saben del asco similar que me producen todos los partidos políticos. Puede que unos más que otros, pero todos me repugnan de una u otra manera

Uno no vota desde hace ya bastantes años, pero eso no significa que no sea defensor de la democracia, eso sí, una que no tiene nada que ver con la que tenemos. Para mí no votar es el acto más democrático que puedo llevar a cabo. Ojalá fuéramos muchos, la mayoría, los que hicieran lo mismo, para obligar a esos partidos endemoniados a convertirse en verdaderas organizaciones democráticas que escucharan al pueblo y le obedecieran sin rechistar. Pero en esta democracia el pueblo es un paria, una molestia necesaria para justificar su presencia en las instituciones. El poder es maligno por naturaleza y querer alcanzarlo, una enfermedad del ego sin cura alguna.

El pueblo justifica lo que hacen sus representantes de turno. A nadie le gusta pensar que no sabe votar y toma como propias las excusas burdas y baratas de sus supuestos líderes ideológicos. Robar no es lo mismo según quién lo haga. La corrupción es algo relativo, volátil, y que se escapa como agua entre las manos. Cuando los ciudadanos compramos estos mensajes, demostramos ser una sociedad sin valores, tóxica y cobarde.

Hay que dejar de votar para cuando se puede hacer con la libertad y la seguridad de que los partidos políticos son nuestros servidores y no una clase oligarca más. Que se pueda revocar el voto. Igual que uno se arrepiente de unos pantalones que se ha comprado y puede devolverlos en la tienda con su ticket de compra, o uno puede desenamorarse y empezar a hacer su vida por su parte sin necesidad de vivir una vida eterna con quien tu corazón se vuelve necroso. Pues lo mismo se debería poder hacer con el voto: si uno se arrepiente de lo votado, que debería ser lo normal, debería haber un tiempo estipulado, por ejemplo, hasta la mitad de legislatura, en el que, si el partido al que se votó no ha cumplido sus promesas ni su programa electoral, se pudiera devolver el voto. El ciudadano debe poder controlar al poder político y no al contrario, que es lo que pasa ahora.

Lo de Oltra

Y en este texto quería escribir de un caso concreto, pero podría hacerlo sobre cualquier otro político y de cualquier otro partido. Las corruptelas les igualan al igual que sus faltas de bondad. Quiero comentar un caso que me parece de una crueldad intolerable. El de Mónica Oltra y su encubrimiento a su marido cuando este abusó de una chiquilla de manera repetida en el centro de menores donde ésta estaba tutelada.

El ahora ex marido de esta señora, por llamarla de alguna manera, ha sido condenado de manera firme por esos delitos, por los que parece que no hay duda de que los cometió. Lo que sorprende es que una presunta feminista como es esta mujer, de frivolidad evidente, quisiera tapar y proteger a su entonces marido. Dicen que el amor tiene razones que la ciencia no entiende. La cabeza de Mónica Oltra parece dibujada por Goya, está oscura y llena de monstruos.

Algunos periodistas de izquierdas a los que me da pereza nombrar justificaban la no dimisión de Oltra, cuando ésta hace años, en el Parlamento valenciano, le dijo a un político del Partido Popular que estaba imputado que, si ella estuviera en sus mismas circunstancias, ella sí que lo haría. Pero no, parece que ella tiene otra vara de medir con respecto a ella misma. La ley del embudo, lo ancho para mí y lo estrecho para el otro. Las imputaciones propias parece que duelen más que las ajenas. La presunción de inocencia de los demás nos la pasamos por el forro, pero la nuestra es sagrada, aunque sea a costa de encubrir a una persona que ha sido calificada como culpable tras un juicio.

Poeta melifluo

Los políticos tienen una sensibilidad de poeta melifluo y demasiado dulzón con respecto a ellos mismos, una piel muy fina y delicada, una flor en cuya textura las malas hierbas se le apoderan sin poder hacer ella nada para remediarlo, pobrecita. Uno no puede evitar ver tras estos políticos tan empalagosos a Luis García Montero, y bien que lo siento por ellos, los políticos. Por cierto, otro que habla mucho de democracia y de ser independiente, cuando redacta y lee un texto suyo en un mitin del Partido Socialista en estas elecciones andaluzas. Uno pensaba que el Instituto Cervantes debía ser independiente y dedicarse solo a defender y promulgar nuestro idioma por el mundo, pero otra vez he pecado de buenismo.

Pero todo esto ha cambiado hoy martes por la tarde. Mónica Oltra ha dimitido como vicepresidenta de la Comunidad Valenciana. No sabemos si habrán sido las presiones mediáticas o las del presidente de dicha comunidad, Ximo Puig, o si aconsejada por su partido o familiares, ha visto que esta era su salida más honrosa hasta que el juicio tenga una sentencia. Lo que está claro es que ayer no tenía razones para dimitir y hoy, en cambio, las ha encontrado. A veces se ve la luz por generación espontánea.

¿Qué hace tan callada la ministra de Igualdad ante el caso Oltra? ¿Encubrir a un hombre que se masturba repetidas veces durante meses con una chica menor de edad no es delito si lo hace una mujer con la que comparte ideología?

Y, por cierto, ¿qué hace tan callada la ministra de Igualdad ante el caso Oltra? ¿Encubrir a un hombre que se masturba repetidas veces durante meses con una chica menor de edad no es delito si lo hace una mujer con la que comparte ideología? ¿Tampoco es un acto machista? ¿Si hubiera hecho lo mismo una mujer del Partido Socialista, Popular, Ciudadanos o Vox, se hubiera comportado de manera tan silenciosa? Todos sabemos las respuestas a estas preguntas y esa es la pena y lo triste. No interesa la verdad ni el bien, sino el interés particular y el poder. Lo lastimoso es que, si el caso a debatir hubiera dejado claro la culpabilidad de cualquier delito de una persona de cualquier otro partido, hubiera actuado de la misma manera que Mónica Oltra. Y sus ejércitos mediáticos y políticos también.

Y en estas llega el verano, y el gran caldero en que se convierte la vida echa de menos no poder introducir en él a toda esta gentuza. Que sientan en sus pieles lo quemados que estamos todos los demás.

Pero algunos seguirán votando, otros estómagos agradecidos continuarán justificando y comparando sus hechos y algunos compañeros de partidos, como por ejemplo Joan Baldoví, bailarán (pueden ver aquí el vídeo del mismo día que Oltra sabe que va a ser juzgada) con la imputada sobre nuestras pobres vidas. Que tengan cuidado, sus faltas de conciencia puedan chocar con las nuestras y provocar un siniestro total. Y ya se sabe sobre quiénes bailamos los que escuchamos a este grupo gallego con este nombre tan accidentado. Es pensar en sus muertes naturales (políticas) y se me van los pies.


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Un comentario

  1. Avatar Lucía Ramos

    «El acoso moral». Marie-Hirigóyen.
    La violencia perversa en la vida cotidiana.
    De gran ayuda para estos casos, denunciados por médicos e inspectores de trabajo confirmando este fenómeno tan expandido. La toma de conciencia colectiva es necesaria para que reaccionemos ante todos estos tipos de abuso de poder, completamente destructivos.
    Muy buen artículo.

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