juan carlos I

El rey emérito Juan Carlos I.

Opinión, Política

¿Monarquía o república? (I)

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El debate dicotómico de república o monarquía lleva existiendo desde hace siglos y está envuelto en la clásica división teológica de Cristo-Anticristo. Pues si algo ha provocado este debate en España ha sido la división de la sociedad en un intento de defender una forma de Estado desde, hablando en términos generales, el odio

Así se podría ver a monárquicos repudiando la república por, según ellos, el excesivo gasto económico que esta forma de Estado conlleva; de la misma forma se podría ver a republicanos repudiando la monarquía por, según ellos, ser antidemocrática.

Estas cuestiones planteadas están hechas en términos generales, pero sería fácil encontrarse en cualquier lado con estos debates, pues son muy predominantes en España. Para abordar la cuestión de monarquía o república hablaré sobre los diferentes planteamientos que están resurgiendo.

Una forma de Estado

La república o la monarquía sólo son formas de Estado y ni la una ni la otra llevan la democracia en sí mismas, por lo menos sociológicamente. Cosa diferente sería el gobierno, pues este es un brazo ejecutivo del Estado y la forma de gobierno estructura de tal forma el poder político que habilita diferentes tipos de formas: democrática, oligárquica, aristocrática, autocrática…

Esta forma de gobierno vendrá establecida en posición y relación con los tres poderes del Estado, es decir, en función de qué relación tengan estos tres poderes así será la forma de gobierno. Podríamos poner el ejemplo de la democracia formal, pues la relación de los tres poderes en esta forma de gobierno está radicalmente separada (separación de poderes) y también se necesita la representación del pueblo en el Poder Legislativo.

Si estas características no se cumplen estaríamos hablando de otra forma de gobierno distinta. Siguiendo la línea de los argumentos aquí dados, el clásico mito de que la monarquía es antidemocrática sería objetivamente incompleta, pues ¿qué tipo de monarquía? Todos coincidimos en que la monarquía absoluta es totalmente antidemocrática y de la misma manera lo es la monarquía de partidos, pero no lo sería la monarquía presidencialista, pues esta monarquía sería impuesta legítimamente en una Constitución dada por los ciudadanos de la nación, con separación de poderes, un presidente como el de la República Federal de los Estados Unidos y siendo el rey una figura sin poder alguno, pues ni siquiera tendría la jefatura del Estado.

También decir que el rey como figura asalariada con dinero público es una cosa ajena y que no guarda relación alguna con la democracia. Se nos presenta la monarquía como una forma de Estado legítima y con honor, pues sería elegida por los ciudadanos y sería democrática.

De la misma forma podría darse una república ilegítima, pues de ejemplo tenemos las repúblicas aristocráticas donde el poder lo tienen unos pocos. Así, una república aristocrática sería similar a una monarquía absoluta, pues en lugar de tener el poder una sola persona, como es el caso de la monarquía absoluta, lo tendrían un conjunto de personas, velando de la nación como si ellos supiesen qué es lo mejor para nosotros.

La república

La incoherencia republicana en España ha provocado que se diluya el significado puro de la república, haciendo así que los autodenominados republicanos quieran plantear repúblicas con regímenes ilegítimos, y para abordar la república habrá que plantear qué es este modelo de Estado.

La república no se define a sí misma por no tener un rey, aunque es algo que la caracteriza y obviamente es necesario que no lo tenga, sino por estar fundamentada en el imperio de la ley. Aristóteles decía que la república no era un montón de gente, refiriéndose a que esta forma de Estado no es el imperio de los hombres, sino de la ley que nace del pueblo con la Constitución como protectora de esta. Es por ello que dije que, en un sentido sociológico, la república no lleva la democracia en sí, pues está de ejemplo la República Popular China, siendo inexistente esta democracia.

Pero en un sentido ontológico sí que lo llevaría, pues con la democracia se materializaría la libertad política de los ciudadanos, y esta libertad política no es más que el imperio de la ley. Tal democracia ya era nombrada por clásicos como Montesquieu, refiriéndose a la república como el amor a la democracia, es decir, el amor a la libertad política. Esta libertad política en la que se tendría que basar la república no es más que la libertad que tenemos cada ciudadano de ejercer nuestro poder en la política, comúnmente llamado democracia. La incoherencia republicana es la de plantear una república que no lleve la democracia forma en sí misma.

La monarquía

La incoherencia monárquica en España ha provocado la defensa de monarquías sin honor en regímenes ilegítimos. A la vista está con la Constitución de 1978, que instauró una monarquía designada por un dictador para continuar con su legado, basándose en la corrupción sistemática del Estado.

Las monarquías absolutas, a pesar de basarse en la descendencia, sí eran legítimas, por lo menos parcialmente, pues la legitimidad del poder que el rey ocupaba era delegada por el pueblo, en tanto que los ciudadanos amaban al rey. Si bien esta legitimidad tendría más que ver con un sentimiento y no con una constitución, ha marcado la legitimidad de estas monarquías, pues, aquel rey que no era amado por su pueblo, era expulsado.

En esta línea se podría hablar de Juan de Mariana, pues él, habiendo sido admirador de la monarquía, estaba en contra de la tiranía que esta pudiese mostrar y, por ende, de la corrupción moral de esta. No sólo plantea expulsar al rey en caso de que este se corrompiese, sino que él planteaba la muerte del rey.

Esto es algo que se ha podido ver a lo largo de la historia, por ejemplo, si Luis XVI hubiese aplicado medidas políticas y económicas que hubieran resuelto los problemas del pueblo, la Revolución Francesa no hubiese tenido porqué producirse. Por eso, en 1789, cuando en las clases bajas el sueldo de todo un mes les daba para comprar sólo un poco de pan y lo único que hacía el rey era subir los impuestos, desató el hartazgo de la gente que, sumado al pensamiento ilustrado, provocó la revolución.

Un rey que no se preocupa por su pueblo y cuyo pueblo no le quiere, está envuelto en una monarquía sin honor. El honor es la cualidad que Montesquieu le otorgaba a la monarquía, pues no hay nada peor para un monárquico que ver cómo su rey no se preocupa de su deber como rey, que no es otro que el de velar por la situación de su país y de su gente. La incoherencia monárquica consiste en defender una monarquía sin honor.


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