broncano y marc segui

Marc Seguí y David Broncano.

Opinión

Los tiradores de piedras

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El pasado martes 18 de enero se realizó en España una lapidación pública. Puede que muchos de ustedes no se hayan enterado, pues empiezan a estar a la orden del día, y lo que se convierte en costumbre, por desgracia, deja de ser noticia

El supuesto programa de humor La Resistencia se convertía en la sala de un juzgado donde el acusado era un tal Marc Seguí, un cantante que lleva en la escena musical menos de dos años y que, hasta ayer, un servidor no conocía de nada. Es un joven veinteañero que nació en Palma de Mallorca y cuyos graves delitos fueron unos tuits escritos hace menos de dos años donde hacía comentarios ofensivos contra las mujeres y los homosexuales. Como es evidente, uno no puede estar de acuerdo con ello. Lo que está mal, está mal. Es algo obvio y, por tanto, no necesita de explicación. Pero de ahí a convertir a Broncano en el juez de las buenas conductas va un abismo. Broncano se envalentonó con el acusado por miedo. Puede parecer una contradicción, pero es lo que ocurrió.

La cultura de la cancelación está haciendo unos daños desmedidos, pues no tiene límites. Otra vez la supuesta contradicción. Pero es que no hay idea que no lo sea, y qué maravilla que así sea. No es lo mismo desear la muerte de alguien, amenazar con realizar daños, celebrar la muerte o cualquier comentario que incite a el odio, que dar unas opiniones por muy deleznables que sean, puestas para provocar o por puro desconocimiento de lo que se habla, pero que no van más allá de ello.

No hay que dejar atrás tampoco, la gran importancia que se le da a lo que dice cualquier tarado en las redes sociales. A mí la opinión de Pepe23 o AnitaDinamita2000 sobre política, gustos sexuales, filosóficos, románticos, me importan tan poco como los de un cantante, un futbolista o un actor. Dar tanta importancia a la opinión de otro sin saber en qué circunstancias las da, si sabe o no de lo que habla, si lo hace para manipular o por desconocimiento, si el manipulado es el que da dicha opinión. Molestarse por algo que dice alguien que no conoces personalmente te deja en evidencia y demuestra que a tu vida le das un valor demasiado pequeño. Estar en la esfera pública no les hace a los famosos ser más importantes que el resto de nosotros, pero tampoco sus opiniones tienen que tener una especial relevancia.

Tener o no tener criterio propio

A mí que Pedro Almodóvar defienda los valores de izquierdas en sus entrevistas me importa lo mismo que José Luis Garci defendiendo valores más conservadores. Lo que me interesa es su obra creativa. Pero claro, para ello hay que saber discernir y separar el valor que cada cosa tiene. La persona que solo compra packs completos vive en un mundo más pequeño y se pierde muchas cosas. Luego está la presunta moralidad que se suponen que tienen más desarrollada los que se sienten ofendidos cuando alguien dice algo con lo que no están de acuerdo o con quien simplemente se ha equivocado o puede que con el tiempo se haya dado cuenta de que lo que opinaba hace un tiempo ya no lo piensa ahora. Nos quejábamos de los censores que había con el tío Paquito, pero parece que hay mucha gente que echa de menos esa parte del franquismo, aunque se crean muy distintos de este.

Uno, que se considera cercano a los valores libertarios, que no liberales, y que huye de las jerarquías, no entiende cómo mucha gente se apropia de la palabra libertad para atizarle con ella a quien no piensa como él o ella. Volviendo al caso que me ha hecho escribir este artículo, está claro que la homofobia y el machismo son lacras a exterminar, propias de discursos de un extremismo recalcitrante. Pero un chaval de veinte años, protegido por su habitación y con un teclado entre las manos, no puede ser condenado para siempre por unos comentarios vergonzosos. En este caso sí que creo que es un eximente su edad y, más aún, cuando se ha dado cuenta de su error y lleva tiempo pidiendo perdón y sintiéndose arrepentido.

El que esté libre de pecado que tire la primera piedra, y Broncano lanzó chistecillos de juez que se amparaba en la que se cree su superioridad moral. Reconoció que se había liado en las redes sociales al saber que llevaban a ese cantante como invitado. El público tuitero puso sus pulgares hacia abajo y el falso emperador del programa les hizo caso. Muy poca empatía con un chaval que se veía que lo estaba pasando mal. Que sí, que se equivocó, pero, para mí, también lo hacen todas las personas que votan en esta partidocracia, lo hagan a derechas o a izquierdas, pero ni me enfado con ellas, ni mucho menos las JUZGO, lo pongo con mayúsculas como aviso para navegantes. Broncano tuvo miedo de que lo cancelaran en las redes sociales, quiso ponerse de costado y la indignidad con el invitado le dio de lleno en el centro. Se veía cómo sus tripas se retorcían. Su casquería le devoró.

Al día siguiente, el verdadero late night español, Los felices 20, presentado por Nacho Vigalondo, un programa verdaderamente anárquico, como Dios manda, y no de un progresismo de Movistar+, valga ahora sí la contradicción, como el de Broncano o los programas que no ocultan sus valores conservadores y liberales y que tampoco respetan a los que no piensan como ellos y, por eso, les ven cuatro gatos, como en 13TV, Intereconomía o Telemadrid. Pues en ese programa del gran Vigalondo, lo único potable de la televisión, llevaron a la Perra de Satán, famosa también por unos tuits donde ejercía su poca gracia metiéndose de manera rastrera con los homosexuales.

Lo que aquí pasó es que esta supuesta cómica venía de participar en un programa donde se atacaba el humor rancio que, según ellas, se practicaba antes en España y, en muchos casos, llevaban razón, pero como en todo, el contexto es fundamental y la época también. Eso no justifica las barbaridades, pero los contextos culturales sí que tienen mucha fuerza en las sociedades. Yo conozco varios hombres que ahora van de grandes defensores de las mujeres y de sus causas, y parece que las defendieran desde siempre, pero yo tengo memoria y recuerdo cómo sexualizaban a las mujeres como único interés en ellas, sin interesarles lo que pensaban éstas de ningún tema. La fuerza del contexto social, es mucha por desgracia, y a veces o casi siempre ejerce la tiranía. Ahora está pasando lo mismo que pasaba en los años 80 y 90, pero cambiando los factores.

Perra de Satán se quejaba del machismo en el humor, de las pocas mujeres en el mundillo, del racismo, de la homofobia en los chistes. Y va ella, pobrecita, y cae en lo mismo, en humillar a los homosexuales en Twitter. La diferencia es que, en este programa, Los felices 20, no se ha juzgado a esta mujer. Se la ha dejado hablar y se le ha preguntado con libertad sin miedo al qué dirán en las redes. Aníbal Gómez y Paula Púa son las otras dos patas de una silla coja de un programa para los que somos culos de mal asiento. Y ambos con un talento enorme.

Broncano galopa en el caballo que Bertín Osborne le ha regalado, cantante que ha hecho el mismo tipo de comentarios que Marc Seguí, chistes machistas y comentarios homófobos. No buscó incomodarle en la entrevista, puede que no se atreviera en su socialdemocracia de salón a meterse con un hombre con poder, pero sí que jugó con un chaval que está empezando y que cometió un error que, con el perdón y el arrepentimiento, debería valer de sobra.

Al final todo se basa en los de arriba y en los de abajo, en los que me dan el poder y en los que pueden hacer que ya no lo tenga. Hay demasiados jueces y muy poca justicia.


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Un comentario

  1. Avatar Lucía Ramos

    ¡Cúan brillante observación ha hecho
    sobre la Justicia! , tan necesaria como ignorada ha dejado plasmada en su artículo.
    Élla, Bella y ciega, aclamada por todxs…
    «Memorias de Adriano»M. Yourcenar.
    Por cierto, un «verdadero emperador» .
    Magna Obra.
    P.D. : JUSTICIA, para que la VIDA de nadie dependa de los demás.

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