periodis corrupt

Una imagen ilustrativa del periodismo de mala calidad.

Opinión, Política

Los periodistas, alienados y comprados, han quedado fuera de juego

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El periodismo tenía un sitito de privilegio en la Historia contemporánea y era un poder decisivo para fortalecer la democracia y controlar a los políticos, legisladores y jueces. Eran la pieza clave de la democracia, pero han sido neutralizados y el mundo, sin información veraz y sin periodistas que se dediquen a tirar de la manta y a publicar las suciedades del poder, se ha vuelto más totalitario, indecente y desvergonzado. El hundimiento del periodismo libre comenzó hace mucho tiempo, pero la caída definitiva empezó tras el derribo del Muro de Berlín

Los periodistas, a pesar de que sus tareas profesionales les situaban en la vanguardia teórica de la sociedad, quedaron vergonzosamente al margen de los movimientos liberadores de la sociedad civil en el Este de Europa, cuando se deshacía del comunismo, un error lamentable que se está reproduciendo casi milimétricamente en Occidente, donde la mayoría de los periodistas también han sido ya neutralizados o incorporados a las élites del poder.

El comunismo degradó al periodista, lo sometió férreamente al partido y lo utilizó como agitadores de masas y correas de transmisión, nunca como informadores de la verdad. Eso los adormeció y degradó, hasta el punto de que estuvieron ausentes en el mayor cambio del siglo, cuando el comunismo fue derrotado por su propio pueblo.

Las investigaciones históricas demuestran que, cuando cayó el Muro de Berlín, los periodistas comunistas fueron, junto con los políticos, los más ajenos e inconscientes a la gran noticia de que su mundo se hundía, quizás porque, al igual que los políticos, estaban alienados por los privilegios y demasiado lejos de los sufrimientos y anhelos del pueblo que, conjuntamente, sojuzgaban.

Un agitador de masas

La imagen del periodista comunista, convertido, por orden del partido, en un agitador de masas y en un colaborador valioso del gobierno, fascinó a los falsos demócratas de Occidente, que decidieron copiarla y trasladarla al mundo de las democracias occidentales corrompidas. No todos los países democráticos han caído en esa vergüenza del periodismo esclavo, pero algunos, como España, son un modelo desvergonzado de cómo se aplasta la libertad de informar y ser informados verazmente, vital para que funcione la democracia. Sin esa libertad, las democracias no existen y han sido suplantadas por tiranía disfrazada.

No todos los periodistas han sido comprados por el poder, aunque en países como España la masa de los perros del poder sea inmensa. Por fortuna, algunos resisten y mantienen en alto la antorcha de la verdad y el periodismo crítico.

Muchos filósofos occidentales, tanto de derecha como de izquierda, resaltan hoy las virtudes de la sociedad civil en comparación con el Estado, afirmando que es necesario aprender de la profunda lección que nos llegó desde el Este de Europa. Otros estudiosos creen que la sociedad civil está impulsando a escala mundial esa corriente que pugna por legitimar el poder político abriéndolo y difundiéndolo, mejor que concentrándolo en pocas manos. Cada vez más pensadores sostienen que, aunque las circunstancias no sean las mismas, sí existen coincidencias sorprendentes entre los sucesos de Europa del Este y lo que acontece en las actuales democracias degradadas, como la que cita Berger cuando habla de la necesidad de librarnos del “aplastante peso del Estado en la vida social e individual”. De hecho, hasta la mayoría de los pensadores sometidos admiten hoy que, en las sociedades occidentales, se necesitan varias esferas intermedias que faciliten la relación entre el Estado y el ciudadano de a pie. Casi sin excepción, aceptan también que la inexistencia de una sociedad civil activa y vigorosa tiene como consecuencia directa el estancamiento.

Mas allá de las teorías, el mundo del periodismo libre está hoy en bancarrota y la inmensa fuerza de la verdad ha quedado derrotada por la sucia fuerza de la política mafiosa y anticiudadana que practican la mayoría de los partidos políticos.

Por dejarse comprar y por tomar partido por el poder en lugar de hacerlo por los ciudadanos, la verdad y la libertad, el periodista está perdiendo poder y protagonismo en la Historia. Tenía un gran papel reservado en la modernidad, pero, por cobarde y corrupto, ha perdido ese puesto de vanguardia y se ha precipitado en los excrementos de la corrupción y el abuso de poder, donde chapotea al lado de los políticos, que son lo peor de la sociedad.


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