corona

La corona simboliza la monarquía.

Política

Los orígenes de la monarquía

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El principio del gobierno es un elemento clave en toda sociedad, viéndose hasta en comunidades zoológicas. Y si bien el Estado es un invento humano, el gobierno no; puesto que este último pertenece al reino de la naturaleza. Es a través del gobierno por el que se establece un orden, un régimen que preserva la convivencia entre los demás. La forma en la que esto se muestra es diversa, desde el gobierno en una tribu (el patriarca), el gobierno en una familia (el padre) o en una comunidad política (el ejecutivo). Pero, ¿qué es la monarquía?

Monarquía significa, en un sentido etimológico, el mando de uno solo. Es por ello que, en puridad, la monarquía absoluta es la auténtica, la que conlleva una teocracia como forma de gobierno, ya que todo el poder del monarca era dado por el reino divino.

De hecho, Aristóteles señalaba que la verdadera monarquía era esta, y las demás (la Constitucional o la Parlamentaria) serían una forma precaria de la primera. Por extraño que parezca, un defensor monárquico debería aspirar a una forma de Estado donde la soberanía política y jurídica perteneciese al monarca. La respuesta del porqué no se aspira a eso, es sencilla, simplemente no se sabe en qué consiste.

¿Y por qué querer un régimen donde el gobierno fuese absoluto de una persona? Primero, las monarquías donde no se da el supuesto que antes comentamos, únicamente viven por sí mismas y están más interesadas en sostener su propia institución, antes que defender los bienes de su pueblo. Por otro lado, aquellas que no dependen de un consejo y guardan en sí toda su potestad y autoridad, están sujetas únicamente a la nación.

De hecho, esta es una sustancial diferencia entre monarca y rey, donde el primero es dueño de toda soberanía absoluta y el segundo está más supeditado por algún consejo o asamblea que le hace fuerza. La célebre frase de Luis XIV «el Estado soy yo» es la clara definición de un monarca.

De este modo, mucho de los regímenes donde el gobernante no tenía toda esa soberanía han estado más republicanizados. Y es que, a pesar de la clásica confrontación monarquía vs república, estas dos formas de Estado no son antagónicas y, en muchas ocasiones, han convergido a la par, puesto que república, en positivo, no es la ausencia de monarquía.

Es interesante, además, indagar en este aspecto fundamental, porque si la gente toma como un pilar el principio, o no, electivo por el que estas dos formas de Estado se rigen, nos encontraríamos con que no es definitorio de las mismas.

Los orígenes republicanos de la monarquía

A partir de aquí, podríamos hablar sobre la primera monarquía una vez caído el Imperio Romano, siendo la del Pontificado, es decir, la Iglesia, monarquía espiritual. El principio de lo sagrado y de lo político se cumple con la figura del Papa como bendecido por la gracia divina de Dios y representante del gobierno eclesiástico.

Aunque, para ser exactos, esta figura sacerdotal no existía de manera unívoca en tiempos primitivos. La palabra griega Papa, que significaba padre y abuelo, se daba generalmente a todos los obispos y sólo se reservó a la silla de Roma desde el siglo XI.

Entre los varios obispos que había, estos compartían el título de patriarca con el obispo de Roma. Sin embargo, este último mantenía una autoridad superior respecto a los demás. Aquí reside lo político, en el obispo de Roma que más tarde será el único Papa, patriarca universal y absoluto, representante de la Iglesia católica y de la unidad cristiana.

El objetivo de las monarquías europeas ha sido la de cimentar la justicia humana en la moralidad universal. Era por ello necesario que un orden se levantase sobre las ruinas romanas, creando así una forma histórico-política llamada Civitas christiana, una especie de Estado universal fundado en el cristianismo.

Además, existía una suerte de republicanismo, ya que reinaba el imperio de la ley en su seno, el de la ley moral dictada por Dios, donde era igual para todos, por lo menos en la teoría. Por no decir que la Iglesia conservó el principio de elección para los obispos, donde el clero proponía un sucesor y el pueblo elegía a su albedrío.

La república, en su significado, sería tal que la cosa común, algo a lo que todos atañe o la cosa que pertenece a todos, donde todos los sujetos operatorios tienen derecho a la administración de ese bien.

El principio electivo en este tipo de monarquía no era el único, incluso lo podemos encontrar en culturas germánicas a las que se consideraban como bárbaras. Dalmacio Negro Pavón contaba cómo las elecciones a rex (rey en este tipo de monarquías), en un principio, se hacían por votaciones a los hombres con el estatus más destacable.

Por no hablar de que, en las monarquías godas de España, el principio hereditario dejó de existir durante un tiempo, siendo los reyes elegidos únicamente por una asamblea y por la Iglesia, donde esta última era el único orden que no terminaba por resquebrajarse, puesto que las monarquías venían e iban y las guerras proliferaban por doquier, pero la Iglesia perduraba en el tiempo.

Por otro lado, y a pesar de que el principio de elección era algo variable, la monarquía hereditaria se impuso. En Francia, con la monarquía de los francos, podemos observar cómo la unidad del reino llegó a ser la pasión y el objeto dominante de todos los príncipes que seguían las huellas de sus padres. Era, precisamente, ese sentimiento de continuidad el que les daba valor como reyes, el hecho de que heredasen algo de sus padres, al cual tenían que hacer justicia siendo iguales o mejor rey que ellos.

A pesar de estas ilustres palabras, la realidad siempre nos confirma que el poder corrompe cuanto más se tiene, por lo que muchas de estas monarquías, al final, terminaban siendo tiránicas.

Monarquías y Estado

Desde finales del siglo XV, las monarquías que se implantaron fueron construyendo y engrandeciendo el poder político. Para ello, absorbieron muchos poderes políticos-sociales, entre ellos a la Iglesia, la asistencia hospitalaria o la educación, por ejemplo. El pueblo, en última instancia, funcionaba como legitimador del poder del rey. Pero hasta eso dejó de ser así.

La más destacada forma fue la monarquía absoluta, donde el soberano ya no formaba parte del pueblo ni del cuerpo político, sino que quedaba separado. Sobre esto, Bodino definió la soberanía como «el poder supremo sobre los ciudadanos y súbditos, no sometido a las leyes». Y así es, el soberano es la persona que encarna la ley, es la potencia absoluta, quien no está sujeto a ninguna atadura.

De esta forma, se hizo de la ley un instrumento de poder, puesto que el soberano era la fuente del Derecho. Es ahora cuando el poder produce lo real, como decía Foucault, ya que el monarca tiene la potestad y la autoridad para definir el devenir histórico-político de la nación y de sus convivientes.


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Un comentario

  1. Avatar Antonio

    Gran artículo

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