ojos cocodrilos

La portada del libro 'Los ojos amarillos de los cocodrilos', de Katherine Pancol.

Cultura, Opinión

Los ojos amarillos del miedo

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En este tórrido verano, con un mapa que ha pasado del rojo incandescente al negro chamuscado…en el que da miedo asomar la patita por debajo de la puerta (vaya a ser que se achicharre), nos queda el consuelo de una bebida fresca, y una lectura refrescante

He descubierto de forma tardía Los ojos amarillos de los cocodrilos, el primer libro de una trilogía bastante interesante, de Katherine Pancol. Conocemos a dos hermanas (Iris y Josephine) que son el ying y el yang, que se enfrentan y complementan: guapa elegante y glamourosa una, intelectual y reflexiva, la otra. Ambas deciden plantarle cara a sus miedos y descubren que la imagen que tenían de sí mismas quizás estaba un poco distorsionada, e incluso era algo cruel.

Josephine se siente un feo ratón de biblioteca, que se deja manipular por los demás (incluida su hermana) e Iris, una mujer florero, que poco tiene que decir… pero le ahoga su vida superficial y materialista. Antoine, marido de Josephine, está agobiado por ser un parado de larga duración. Huye de su familia y se refugia en los brazos de una peluquera. Su matrimonio llega a un punto sin retorno. Decide divorciarse de Josephine y comenzar una nueva vida en África, dedicándose a la cría de cocodrilos, algo diametralmente opuesto a lo que hacía antes…

Esos cocodrilos, que le observan quietos en la noche con sus ojos amarillos, simbolizan no sólo el miedo y la incertidumbre de Antoine, sino el de la insegura Josephine (que tiene que aprender a salir sola adelante) y el de todos los personajes: algunos temen mostrar su verdadero yo, otros el abandono, la traición, tener una vida sin sentido, no ser capaces de llevar sus negocios adelante o irse de este mundo sin dejar un heredero…

Hay que «bailar la vida»

La buena noticia y, a la vez la receta que nos da la autora para enfrentarse al miedo, es que hay que «bailar con la vida», dejarse llevar por sus vaivenes, sus giros caprichosos y sus incertidumbres, con valor y agradecimiento, aprovechando los buenos momentos y trabajando mucho para que éstos se produzcan. Por tanto, se nos muestran dos formas de enfrentarse al miedo: con decisión (Josephine) o de forma temeraria (Antoine e Iris).

La acción transcurre en el elegante París de los ricos (un mundo al que pertenece Iris), en el que se suceden los desfiles de moda, las visitas a tiendas de marca y galerías de arte y las estancias en lujosos hoteles de vacaciones. También conocemos el París de la clase media, sus autobuses, sus encantadores cafés y sus barrios.

Y, por otro lado, la selva africana, que se muestra cruel e implacable con el hombre blanco, que no la conoce y no sabe adaptarse y que se rinde por fin ante ella y ante la atenta mirada de los cocodrilos.


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