Falcon

Pedro Sánchez, en el 'Falcon'. / EFE

Opinión, Política

Los indecentes e inmerecidos privilegios de los políticos españoles

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Muchos españoles han decidido luchar con todas sus fuerzas contra uno de los peores y más desvergonzados escándalos del país, que es la lluvia de ventajas, distinciones y privilegios de la clase política, inmerecidos, escandalosos, repugnantes e incompatibles con la democracia

En ningún otro país de Europa los políticos viven mejor ni gozan de mayores privilegios y ventajas que en España, donde el único Estado de Bienestar que existe es el de los políticos. El escándalo es mayúsculo y vergonzante porque, si al menos esos privilegiados gobernaran bien y produjeran satisfacción en los administrados, la cosa podría soportarse, pero encima gobiernan mal, están rodeados de fracaso y han logrado, con sus abusos, errores y arbitrariedades, que el rechazo y el odio dominen la relación entre administrados y administradores en España.

España está llena de ejemplos de indeseables, corruptos y sinvergüenzas que, tras haber causado un intenso daño a la nación y a sus ciudadanos desde puestos de alta responsabilidad pública, viven rodeados de privilegios y ventajas, como sueldos o pensiones de lujo, algunas vitalicias, complementos salariales, servicios gratuitos y en algunos casos coches oficiales y funcionarios a su servicio. Miles de ellos, todavía en activo, disfrutan de exenciones fiscales, sueldos abultados, aforamientos que le otorgan cierta impunidad en los tribunales, fondos reservados de los que no tienen que rendir cuentas, secretarias, coches ofíciales, dietas exentas de tributación y otros muchos privilegios que la clase política española, de manera inmoral e indecente, sin consultar al pueblo, se ha otorgado a sí misma como premio.

España tiene más aforados, coches oficiales y privilegios especiales para políticos que el resto de Europa junta. No son unos pocos los que disfrutan de ese océano de ventajas, porque España es también el país de Europa con más políticos cobrando del Estado, más que Alemania, Francia e Inglaterra juntas.

Un número de aforados escandaloso

El número de aforados en España es escandaloso. Se habla siempre de los 17.603, que en sí representan un número mayor que el resto de todos los aforados que hay en Europa, pero se oculta que el número real supera los 250.000, que se distribuyen del siguiente modo: algo más de 232.000 son miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad estatales o autonómicos, cinco de la Familia Real y el resto -17.603- pertenecen a instituciones del Estado y de las comunidades autónomas (políticos, miembros de las carreras judicial y fiscal, integrantes de órganos como el Tribunal de Cuentas y el Consejo de Estado, defensores del pueblo estatal y autonómicos, etcétera).

Se trata de un escándalo de dimensiones gigantescas que causa sorpresa y repulsión en el mundo civilizado, donde todavía existen muchos países para los que la política no es una fuente de privilegios y de dinero fácil, sino un servicio a la nación y a la ciudadanía.

Pocos países del mundo tienen una clase política más desprestigiada y degradada que España, un grupo que, incomprensiblemente, goza también de los mayores privilegios y ventajas.

Los políticos españoles han logrado eliminar casi todos los controles, frenos y contrapesos que la democracia posee para limitar sus poderes y privilegios

Los políticos españoles han logrado eliminar casi todos los controles, frenos y contrapesos que la democracia posee para limitar sus poderes y privilegios. Han logrado domesticar a la justicia y han convertido el Parlamento en un colegio disciplinado donde los diputados carecen de libertad para pensar y hablar y sólo dicen lo que sus respectivos partidos quieren. Además de destrozar la separación de poderes, que es una de las claves de la democracia, el sistema español ha logrado que la ley sea desigual, dura con el débil y el adversario y suave para el amigo y los poderosos.

Los privilegios que adornan a los políticos españoles sólo son posibles porque previamente la democracia ha sido asesinada y porque el pueblo ha sido anestesiado y castrado.

A los privilegios visibles se agregan los invisibles, que son inmensos y que van desde el control de los principales medios de comunicación; la utilización del dinero público para comprar medios de comunicación, voluntades y votos; la prostitución de los fondos reservados; las relaciones opacas con las grandes empresas; y la oscuridad profunda que oculta la verdad y convierte en altamente impunes e inmunes a los que poseen poder público.

La lista de privilegios y ventajas de la clase política es interminable y muchos de sus rasgos y detalles son cuidadosamente silenciados, porque si fueran conocidos producirían indignación y asco: comidas subvencionadas, viajes financiados con dinero público, facilidades para préstamos e hipotecas, dietas libres de impuestos, puertas giratorias que les garantizan un futuro de lujo, cobros clandestinos en dinero negro, acceso a viviendas públicas, manejo de subvenciones y contratos públicos para beneficiar a familiares y amigos, colocación a dedo de miles de personas en puestos púbicos y un largo etcétera que incluye hasta delitos como el cobro de comisiones y una catarata de prevaricaciones y movimientos ilegales y corruptos en la gestión del poder.

Personalmente, he decidido dedicar todos mis esfuerzos, como ciudadano español que ama a su patria, para acabar con esa lacra indecente y corrupta que, además de premiar a los que menos lo merecen y ensuciarnos a todos, nos empobrece, deteriora la convivencia y convierte el futuro de España en un camino lleno de suciedad, espinas y trampas.

Ojalá muchos españoles hicieran otro tanto, única vía para limpiar el país de corruptos, miserables y seres dañinos dedicados a la caza de ventajas, privilegios y premios que ni por asomo merecen.


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Un comentario

  1. Avatar Francisco Yago Andres

    Hay que eliminar tanto privilegio y tanto favoritismo a esta gentuza que no hace nada por el bienestar de los ciudadanos, todo es para ellos y privilegios para sus amigos y familias. Es vergonzoso, no pienso acudir en mi vida a una puta urna.

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