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El cartel de la polémica.

Opinión, Política

¿Libertad de expresión o barra libre a la mentira?

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El cuanto peor, mejor, es un lema que define las directrices propagandísticas de nuestros partidos políticos en general. Esta semana pasada, ha sido el caso Vox en particular. El último mensaje en saltar a la palestra mediática es el ya célebre cartel que contrasta los 4.700 € que supuestamente recibe cada MENA al mes con los 426€ que supuestamente recibe cada jubilada (abuela o no, que la descendencia no incidirá en el criterio, digo yo) al mes. En cuanto al mensaje subyacente, ninguna novedad: muy en la línea de lo que este grupo político ya nos tiene habituados. Lo que ha saltado a la primera plana de los medios es la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid, exonerando de cualquier responsabilidad a dicha pancarta y sus autores amparándose en la libertad de expresión

La Fiscalía actuó de oficio ante el mensaje de este cartel y el PSOE se adhirió al recurso presentado. Como era de esperar, especialmente para Vox, su cartel y la correspondiente sentencia han sido uno de los temas más comentados de la semana en espacios informativos y programas de infotainment. Curiosamente, la sentencia exculpatoria de la Audiencia Provincial se basa en el derecho a la libertad de expresión, y curiosamente la mayor parte de medios y debates le han comprado el diagnóstico, enzarzándose en dimes y diretes girando en torno a la idea de poder expresarse con libertad. Nada mejor para no resolver un problema que confundirlo con otro diferente. Porque, si algo ya está muy claro, es que ni nuestros partidos ni nuestros medios nacionales están para resolver problemas. Están más bien para vivir de ellos.

Y así, llamando a las cosas por otro nombre, enredando argumentos, aumentando el tono, transpirando testosterona y ofendidísimos porque Periquillo el de los palotes baila el chotis con la Jacinta, los asuntos meridianamente simples se acaban transformando en diálogos de besugos sin fin entre las más doctas, enteradas y peripuestas mentes de nuestras insignes capitales. En este caso, estamos ante uno de esos casos meridianamente simples: existen ámbitos en los que la libertad de expresión no asiste a la mentira.

Los límites de la libertad de expresión

¿Aceptaríamos que en los libros de texto se dijese que la Reina Victoria de Inglaterra nació en Burkina Faso y se desplazaba en coche eléctrico volador entre África y el Reino Unido? ¿O que en el prospecto de la Aspirina dijese que, para aumentar los efectos del medicamento, debería mezclarse con bourbon u otra bebida alcohólica? Esto sería un ejercicio de libertad de expresión inaceptable, ¿verdad? Por el engaño al consumidor y por las consecuencias que se podrían derivar de esta información incierta. Seguro que aún con estos claros ejemplos, habrá lazis o apoyadores de Pablo Hasél convencidos de que la libertad de expresión es lo primero, pero es evidente a la inmensa mayoría que se nutre de gente sensata que la libertad de expresión tiene su ámbito concreto de actuación, fuera del cual se convierte en libertinaje, en el mejor de los casos. Dicho de otra forma: hay ámbitos, documentos, instituciones y cargos que exigen ante todo veracidad y honestidad, virtudes que, lamentablemente, no se venden en el Mercadona.

La información que las corporaciones nos ofrecen debe ser, ante todo, verídica y, caso contrario, punible. Y lo mismo que si una marca de coches anunciase una oferta que no fuese real o indujese a la mentira, debería responder ante consumo o ante los tribunales e indemnizar a los clientes timados, un partido político que miente objetivamente en sus argumentos debe ser susceptible de sanción por los tribunales, a iniciativa de la fiscalía o de sus propios votantes.

Pero claro, este melón no lo quiere abrir ningún partido y no es casualidad que no se toque en ninguno de los medios nacionales, ávidos del dinero público que dichos partidos les reparten en forma de subvenciones. Porque, de todos los partidos, a ver quién era el guapo que tiraba la primera piedra. A ver quién tiene la jeta de decirle a otro que en tal o cual momento ha mentido… ejem… Hay que reconocer que esto no es exclusivo de Vox, no hay ni un partido con representación parlamentaria que no haya pisado un mojón. El timo político es el core de cualquier campaña que se precie. Y como el interés de los profesionales de la representación pública es ganar a toda costa, las reglas de la honestidad y el decoro democrático se han ido difuminando hasta el punto en el que estamos.

¿Despertarán los ciudadanos?

El cartel de Vox, además de inducir al odio con premeditación, alevosía y reincidencia, es mentira. Y mañana será Podemos, pasado el PSOE, el otro el PP, Ciudadanos ya no sé si cuenta o no, pero es lo mismo… Tiene que haber alguna forma de poder denunciar y pedir cuentas a los políticos por sus mentiras, más allá de las críticas que se les puedan hacer desde los medios, con más o menos acierto. Se hace urgente que se puedan pedir responsabilidades judiciales a los políticos que mientan a la población. En todo caso, esperar que algún partido tenga cualquier iniciativa en este sentido es como mínimo un ejercicio de ingenuidad infantil. Así que la pelota está donde siempre estuvo, en el campo de los ciudadanos. ¿Vamos a pasárnosla y pasárnosla hasta que lleguen los penaltis o vamos a resolver? El adversario es tan malo como parece. Y el tiempo, que continúa pasando, juega en nuestra contra.


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3 comentarios

  1. Podríais hacer un articulo de lo que realmente ocurre cuando hay dinero de por medio y que alguien recibe por esos muchachos???

    • Avatar Gerardo

      Desconozco directa/indirectamente la existencia de estas prácticas. De existir, serían corrupción pura y dura, y deberían denunciarse en medios y en las autoridades competentes. Un saludo.

  2. Avatar xsibai

    ¿Es mentira que cada mena le cuesta al Estado esos miles de euros que dice el cartel?. Falta la demostración, Sr. articulista.

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