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La vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo. / EFE

Igualdad, Opinión

Ley estatal contra la prostitución

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Hace unos días la ministra Carmen Calvo hizo una declaración de intenciones respecto a impulsar una ley que prohíba la trata de mujeres y, en consecuencia, la prostitución, equiparando las dos cosas. No es raro ver cómo las abolicionistas hacen esta equiparación de manera intencionada, demonizando la prostitución a niveles de esclavitud sexual. ¿Qué hay de cierto en esto? ¿Hay que prohibir la prostitución?

La antropóloga, sexóloga y, posiblemente, una referencia en lo que a violencia sexual se refiere, Leyre Khyal, contesta a ello en una de las tesis que ella sostiene. La complejidad del asunto nos lleva a adentrarnos en estudios antropológicos que explican el origen de la cultura, el patriarcado, el matrimonio, etc., por lo que cualquiera que quisiese abordar estos asuntos debería, por lo menos, tener una gran base teórica en la que afirmar los axiomas que configuran desde las instituciones políticas como propaganda ideológica.

El antropólogo estructuralista Claude Lévi-Strauss, en la búsqueda del paso de la naturaleza a la cultura, encuentra dos leyes universales: el tabú del incesto y el patriarcado. El tabú del incesto no es más que una ley de la exogamia puesta en marcha, es decir, una condición que obligaba a todos los hombres diferentes a intercambiar mujeres —si bien esta ley se rompe en diferentes situaciones, lo hace por obligaciones superiores como la continuación de una dinastía, etc…—.

El hecho de que un hombre no pueda acceder a las mujeres de su propia familia, tribu, linaje o clan por leyes culturales, provoca la búsqueda de las mujeres en otros sitios, creándose así un pacto patriarcal entre hombres iguales que se ven obligados a intercambiar a ellas en pos de levantar las estructuras elementales del parentesco. El matrimonio aparece ahí como la gran institución patriarcal, pues es el momento del padre, el cual entrega a su hija virgen a otro hombre. La virginidad de la mujer, que se encuentra bajo el yugo del padre, está restringida, tanto para él como para los demás hombres, creándose en ella un valor casi trascendental cuanto mayor es su restricción. Además, es a raíz del tabú del incesto cuando la mujer cobra valor, es decir, adquiere valor porque el padre ha preservado su virginidad y no ha accedido a ella carnalmente, siendo así el valor de una mujer, dentro de una comunidad patriarcal, del padre.

Lograr la independencia del patriarcado

¿Qué pasa cuando una mujer se hace prostituta dentro de un régimen patriarcal? Leyre Khyal nos cuenta cómo la mujer al hacerse prostituta roba el valor que perpetúa el padre y se lo adquiere ella misma, es decir, ya no es el padre el que salvaguarda la virginidad de su hija, sino que son esas hijas las que roban ese poder al patriarcado y se apropian de ello, siendo mujeres que se saltan el orden patriarcal. Se apropian de su propio valor erótico y deciden manejarlo frente a la capitalización de este. Es así como la prostituta siempre ha sido peligrosa para este orden y perseguida por el mismo, pues rompe su continuidad.

De esto se podrían poner muchos ejemplos, pero el pensador y filósofo Antonio Escohotado nos cuenta uno sobre cómo las mujeres romanas, por ejemplo, tenían dos opciones: buscar cobijo en el matrimonio o, en el caso de que quisiesen ser mujeres dueñas de sí mismas, inscribirse en el censo de rameras. Tanto fue el caso que se acabaron inventando leyes prohibiendo a las mujeres de clase alta inscribirse, lo que denota que muchas lo hacían. Por otra parte, casi recuerdan las abolicionistas a ese patriarcado que ha perseguido siempre la prostitución, como si, en sus propios términos, estuvieran alienadas y no fueran capaces de mostrar sororidad por sus hermanas.

Dicho lo anterior, la regulación de este acto corresponde a la decisión de toda la ciudadanía, pues es en ella en la que repercutirá las consecuencias de la posible ley. La incapacidad para participar políticamente en las decisiones de las leyes, como sí pasa en otros países con una representación política real, hace que la positividad de la norma vaya de arriba a abajo, siendo esta una de las primeras características del totalitarismo, habiendo estado descrito por el jurista Antonio García-Trevijano.

No tiene cabida la equiparación de prostitución con trata, siendo lo segundo un delito de esclavitud que nada tiene que ver, pues incluso las formas en las que se proyecta este trabajo sexual con internet son dispersas, llegando a existir la prostitución on line ejercida libremente. Cualquiera pudiera pensar, al igual que son esgrimidos otros discursos como el del aborto, que si no se puede parar, ya que acabar con ella es imposible, lo que se tendría que hacer sería regularla, para salvaguardar la integridad de trabajadoras que, por necesidad económica u otras razones, decidan ejercerla. Pero no tienen en cuenta las opiniones de dichas trabajadoras sexuales, ni siquiera de las asociaciones de prostitución que se oponen de lleno a esto.


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