fraile y beriain

Roberto Fraile y David Beriain, reporteros asesinados en Burkina Faso.

Comunicación, Opinión, Política

La cara y la cruz de una moneda antigua

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29 de abril de 2021. A falta de resolver las cuestiones burocráticas, los cadáveres de los dos periodistas españoles asesinados en Burkina Faso serán repatriados por un avión del ejército para que sus familias velen sus restos. Mientras tanto, el país que los vio nacer continúa envuelto en el ruido que marca la pauta de sus días grises

David Beriain y Roberto Fraile son los nombres de los reporteros con los que la tragedia quiso cebarse de la manera más cruda anteayer. David Beriain y Roberto Fraile, dos nombres desconocidos para aquellos que encadenamos los días al ritmo de un horario laboral desbordado, trayectos en coche, lleva niños, trae el pan, haz la cena y pon el despertador. Sin embargo, cuando el infortunio los ha traído a las primeras páginas de los medios nacionales, a todos nos queda claro que se trataba de dos grandes. Dos de esos españoles que marcan la diferencia en nuestra sociedad.

Como ellos hay más de los que parece, pero menos de los que debería. Dos profesionales que podían haber elegido intentar ganarse la vida construyendo reportajes tremendistas a santo de una navajilla de tómbola manchada con pintura roja o kétchup del McDonald’s, vete tú a saber, en un sobre que estúpidamente llega a manos de una ministra. “Amenaza de muerte con arma blanca ensangrentada” podrían haber titulado su reportaje, e intentar tirar palante con eso tal y como la mayor parte de nuestros periódicos de tirada nacional han hecho. Podrían haber decidido contribuir a inflamar las tertulias de cada mañana con asuntos más dedicados a la distracción que a resolver alguno de los múltiples problemas que tenemos, que no son pocos. Pero no. David Beriain y Roberto Fraile eran dos grandes, dos tipos para los que llenar la vida de años o el Facebook de fotos en fiestas no tenía cualquier sentido.

Hay más como ellos que continúan en el anonimato

Dos profesionales que no quisieron dedicarse a adornar causas vanas con imágenes bonitas y figuras de estilo. Lo dicho, no son los únicos, hay más como ellos que continúan en el anonimato y a los que solo la tragedia colocará en la primera plana de esa gran maquinaria de marketing que son los medios nacionales. Roberto Fraile y David Beriain eran conscientes de que su opción de vida no era la más fácil, de que les podía pasar lo peor. Pero aceptaban el riesgo con la clarividencia de los hombres buenos, valientes y nobles. David Beriain y Roberto Fraile son dos valiosas joyas del tesoro de oro, polvo y bisutería que es nuestra sociedad. Ellos cayeron ayer. Que el gran dios les reserve un lugar ameno.

Dos preciadas personas nos dejan, dos cuya grandeza contrasta de manera apabullante con la miseria de la gente pequeña que chupa cámara a saco estos días con motivo de las revueltas elecciones de la Comunidad de Madrid. En mi último artículo, lamentaba la facilidad con que en nuestra patria los nobles perecen y los cobardes prosperan: aquí tenemos un buen ejemplo de esto.

Mientras se identificaban los cuerpos de David Beriain y Roberto Fraile, un puñado de eurodiputados tenían a bien concentrarse en Bruselas contra las amenazas de cartón piedra recibidas por algunos políticos españoles, en una estrategia desesperada por luchar contra la abstención que les quitaría ese pan que tanto cuesta ganar trabajando. Tras la protesta, se daban media vuelta y volvían a sus oficinas con calefacción, a sus secretarias, a sus conversaciones de café y a sus carcajadas a boca llena. Junto a David Beriain y Roberto Fraile, fueron asesinadas varias personas más, mañana les tocará a otras y, pasado, a otras… Los nobles perecen, los cobardes prosperan.

Por su parte, Europa (que son esas oficinas con calefacción donde se da de comer a diputados a cambio de nada) vuelve la cara a este terrorismo que impera en buena parte de África, así como al resto de problemas que la azotan. Mientras pueda continuar extrayendo la riqueza de estas regiones sin grandes problemas, el resto no importa.

Uno quiere creer que hay otra Europa, la que forman personas como David Beriain y Roberto Fraile. Una Europa a la que estas injusticias no solo sí les importan, sino que además está dispuesta a jugársela para luchar contra ellas. Una Europa que sabe que solo resolviendo los problemas en origen se acabará con la inmigración ilegal, con toda la delincuencia asociada a ella y con la xenofobia y quien hace de ella su modo de vida. Una Europa que exigiría a sus empresarios, si tuviese fuerzas para ello, que produjesen sus productos con garantías de respeto a los derechos humanos. Una Europa cansada de que las oligarquías de sus estados vetustos intenten marcar el paso en dirección a un abismo irremediable.

Figuras como las de David Beriain y Roberto Fraile nos recuerdan que esa otra Europa existe. La pérdida de estos dos grandes es una triste noticia que nos hace levantar la vista y, vislumbrando el horizonte, soñar que aún hay esperanza. Gracias a ambos.


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