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Juanma Moreno y Juan Marín. / JUNTA DE ANDALUCÍA

Opinión, Política

Juanma Moreno destruye a Ciudadanos en Andalucía

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Estos días electorales trae la implosión del partido que fundó Albert Rivera por obra y gracia del actual presidente de la Junta de Andalucía

La desaparición de Ciudadanos en Andalucía se diseñó desde el momento en que se cerraron las urnas en las calendas de diciembre de 2018. El partido de Juan Marín multiplicaba sus escaños comiéndose una buena parte del electorado de Juanma, al que dejaban en su menor representación en el Parlamento de Andalucía en toda su historia. Mientras eso pasaba, Zoido bajaba de Madrid con una libreta llena de nombres para ajusticiar y poner a su delfín José Luis Sanz al frente de la gestora del PP-A.

La aparición de Vox alteró todo. Aquellos diputados salidos de la nada y que no contaban ni en las encuestas, sumaban cambio de gobierno. El Platanito que era entonces Moreno Bonilla tuvo su oportunidad para asaltar San Telmo. Pero llegó cojo y con un reparto del botín que era la Junta con el partido de Marín, el de las torrijas, que se vio investido en vicepresidente del la Junta de Andalucía por la gracia y por la obra de Vox, aunque siempre han despreciado sus votos. Llegó entonces el peor gatopardismo que ha habido en democracia. No tocar nada, no limpiar nada, no hacer nada. Que nada cambie, aunque nos venden el cambio. Vinieron a heredar el régimen.

Y en eso, Bendodo hablaba más con Marín el torrijero que con su mujer. Había que repartir la parte del león que era toda una Junta de Andalucía. San Telmo conoció entonces las largas noches de las ínsulas, de los ceses y de los nombramientos. ¡Los míos los primeros!, gritaba desde la oscuridad Antonio Sanz a Bendodo, como un sacerdote converso. Que no les falte de . Desde jefe de gabinete a asesores presidenciales, y si dejamos a alguno de los que tenía Susana Díaz, que los dejaron, mejor que mejor. A todos esos que sean los primeros en productividad, que para eso son de los nuestros. Por un puñado de dólares lo que sea.

Los pardillos de Ciudadanos

Bendodo y Sanz pensaron cómo acabar con los pardillos de Ciudadanos desde que llegaron a la sala de máquinas de San Telmo. Aprovechando los errores de la tropa de Marín, que tenía muchos y muy grandes. Empezando por poner consejeros independientes en la Junta, que venían a lo que venían, sin hacer política para el partido que los puso a dedo en los cargos, y que al final todos ellos han sido una carga de profundidad. Ninguno de esos ni su equipo hacen campaña por el partido que los ha colocado. Nada, como si la historia no fuera con ellos. La más pésima de todos ellos es la de Empleo, la peor consejera desde que llegó la autonomía andaluza y hasta desde la llegada de los Escipiones a las costas andaluzas. Siempre de perfil y sin meter mano a los tremendos agujeros negros que hay en esa consejería maldita a los ojos de Dios.

El torrijero Marín creía que la política andaluza era limpia y transparente. Que se podían hacer las cosas a la inglesa o a la americana. Lejana realidad esa en esta tan joven democracia. La maquinaria mediática está bien engrasada con dinero público hasta de sus propias consejerías, pero trabajan siempre para la tropa que estaba amamantada por Arenas. No en vano, el dircom de Juanma y sus acólitos colocados en Presidencia provienen todos de El Mundo o de La Razón. ¿Pago a los servicios prestados? Aunque éramos otros los que currábamos en el silencio profundo de la noche para que algunos de ellos se coronaran. Injusticias de la vida, como aquellos titulares, a modo de ejemplo, que salieron de Minas de Aguas Teñidas en la prensa regional.

La Normandía andaluza

Al pasar tres años desde el desembarco en la Normandía andaluza, desde que Marín se adelantó desde la playa de Bajo Guía con su mesnada medieval, a ocupar despachos y sueldos públicos, se quedó solo. Como dijo aquel nacido en la noble villa, de Vivar, qué buen vasallo sería si tuviese buen señor. Porque con los años su tropa se fue descomponiendo cuando se rompió el amor de Rivera desde Madrid. Todos contra todos. Uno contra todos. Como en el inicio de la guerra de los treinta años, la defenestración era un hecho consumado en su partido. Siempre las ventanas abiertas esperando quién era el próximo en caer. Y nunca terminaron todos de caer. El último, Sergio Romero, que se iba a buscarse la vida a otra parte.

Mientras Juanama consultaba sus pensamientos más profundos al oído de la vaca Fadie, tal y como la selección española se encomendaba a las predicciones del pulpo Paul para ganar el mundial, Marín sufría la terrible soledad del corredor de fondo. Profunda, oscura, fría y helada. Bendodo y Sanz, al estilo Tolkien, colocaron el anillo de poder en el índice de Marín para controlarlo. Y este generó sinergias azules que concluyeron en el dominio del círculo naranja. Tan fuerte fue la atracción que emanaba de aquel anillo que muchos se pasaron a las filas del PP para tener un plato del que luego comer. Y cruzaron el Rubicón por cientos y por miles, aun teniendo la prohibición de hacerlo por parte del senado y del pueblo de Arrimadas.

No oyó Marín los gritos del Laocoonte naranja que gritaba fantasmal más allá de la medianoche por los pasillos del Palacio de San Telmo: temo a los peperos aunque traigan regalos. Ni tampoco vio a este ni a su familia castigado con las serpientes por los dioses legendarios que dejaron los sacerdotes griegos en el solar del palacio que fue antes un templo dedicado a Poseidón. Marín no era Ulises y escuchó los cantos de sirena de Bendodo y Sanz, y cayó cautivo de ese trino celestial. No escuchó ya más a nadie ni a nada. Ciego de lujuria, paseaba solo junto a Pier Nodoyuna, su fiel cuñado y lugarteniente que lo acompaña desde tiempos de los mapas de Sanlúcar.

Marín no supo ver que el enemigo persa era, en realidad, Moreno Bonilla y el príncipe de Bendodo. No tenía una espada en la mano para ir al Valhalla de Asgard cuando cayera en las próximas elecciones

Fue descomponiéndose su partido tras la debacle de Rivera. Unos se fueron y los pocos que quedaron fueron todos purgados. Las primarias las ganó por tan solo 823 votos en medio del puente de la Inmaculada. Aquellos no eran los 300 de Leónidas en las Termópilas. Ni Marín era el rey de Esparta. No supo ver que el enemigo persa era, en realidad, Moreno Bonilla y el príncipe de Bendodo. No tenía una espada en la mano para ir al Valhalla de Asgard cuando cayera en las próximas elecciones. El vacío y el limbo le esperan. Eterno, vagando en un espacio donde el Big Bang ocupa eones de galaxias.

Moreno empezó a tejer el plan perfecto para acabar con Cs. Ofreció a Marín y a sus consejeros a dedo ocupar posiciones de salida en las listas al Parlamento andaluz, en detrimento de los de su propia sangre. Pero Marín quería emular a Custer y morir en la playa de Little Bighorn de Sanlúcar con las botas puestas. Pensaba el ingenuo que aun contaba en el mapa electoral andaluz. Y Moreno subió su apuesta. Le garantizaba a Marín que podría seguir haciendo tranquilo sus torrijas si no obtenía escaño el 19-J y que le colocaría, a dedo, al frente de una autoridad portuaria o de una empresa pública de turismo para que pudiera seguir comiendo de lo público y cotizar sus últimos años antes de la jubilación.

El ojo de Sauron

Las últimas voluntades de Marín en política se desconocen, pero ha quedado claro que el clan de la manzanilla se ha diluido en tres años. Nada queda de aquello, ni en los papeles ni en el Parlamento. Nada. El vacío. Un continente helado. Una tierra quemada detrás de él desde Sanlúcar hasta el Cabo de Gata. Incendió todas las naves con su gente dentro porque solo pensaba en salvarse él. El anillo que le pusieron en el dedo anular Sanz y Bendodo le atrajo al lado oscuro para destruirlos a todos. Sauron lo llama desde su alta torre en el ala este de San Telmo. El ojo le mira siempre fijo desde la Navidad de 2018 como una maldición bíblica. Moreno había logrado destruir a Ciudadanos en Andalucía sin gastar una sola bala ni usar un solo soldado, solo con la palabra.


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Un comentario

  1. Avatar Embrujo

    Enhorabuena Antonio.

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