black mirror

Un cartel promocional de la serie 'Black Mirror'.

Opinión

Hasta siempre, verano… o no

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Ya se va acabando el verano y, como todas las buenas noticias, uno las recibe con el corazón fresquito. Un asesinato a sangre fría. Siempre los menos pensados son los que mejor pueden explicarse después, sobre todo los metafóricos

Abro el congelador de mi frigorífico y las cubiteras de hielo lucen un rojo crepuscular. El verano es echar agua al vino, anestesiar la muerte hasta dejarla sin su sabor original. Cuando acaba esta estación tan dolorosa como inútil, el vino deja de ser insultado por la casera que este último trimestre te subirá el alquiler para que no olvides que vomitar es algo demasiado humano y que, por tanto, no conoce de circunstancias temporales. Se puede expulsar alcohol de quemar como Antonio Vega en una de sus canciones que más enganchan. Bilis como nuestra clase política, los caseros y los amantes del verano. Amor como los que esperamos al frío para poder congelar la felicidad en un instante preciso y precioso como una fotografía que se mueve suspendida por un cierzo de colores.

Septiembre aún es verano, pero un poco menos que la arrogancia que muestra durante julio y agosto. En este noveno mes se muestra más cauteloso, como si supiera que molestara y no quisiera hacer tan evidente su presencia. En este mes los niños dejan de joder con la pelota, los juguetes, la bicicleta y demás artilugios que utilizan para destrozarlos, ya que no pueden hacerlo con nosotros, aunque ganas no les quedan. El abuelo Serrat puede aprovechar para ponerse a componer y eso siempre es una buena noticia. El Mediterráneo en otoño nace por segunda vez en sus manos.

El colegio es la cárcel de los niños, de donde salen perfectamente preparados para acabar en la de los mayores, trabajar. Si tienen la suerte de delinquir y de que los pillen, siempre podrán acabar en prisión y así poder empezar a descansar de lo que es esta vida. No sé cómo será el verano en una institución penitenciaria, pero siempre será mejor una pérdida de libertad impuesta que la que nos imponemos nosotros en nuestros hogares para no pisar esas aceras que se van derritiendo al contacto con nuestro calzado más denigrante.

Las chanclas y sandalias son más feas que el corazón de un asesino. Los pies deben estar escondidos a no ser que Tarantino ande cerca y quiera darse un festín cuando estos sean femeninos y haya consentimiento por parte de sus poseedoras. El cielo se le abrió hasta el amanecer con forma de Eva endemoniada y enjoyada con su serpiente al cuello. Salma Hayek acaba de cumplir 56 años y es más musa que nunca.

Se podría decir que los fetichistas de pies son los únicos que saben por dónde pisan los demás y, sobre todo, saben por dónde deberían pisar. Se les hace la boca agua y, nunca mejor dicho, que para eso también hay botas de lluvia especialmente preparadas para soportar sus lametones.

El mes del reinicio

En definitiva, septiembre es volver a caminar cuando te has pasado reptando durante un mes en tu casa si eres pobre e inteligente, o en un hotel o apartamento si también eres pobre, pero estás esperando a que el final del año te lo diga con una buena hostia de realidad. Espero que hayáis disfrutado de estos días, pues este sí que es el último verano y aquí la película de terror poco o nada tienen de parodia. Los ricos no se van de vacaciones, pues su condición vital no puede convertirse en excepción.

Algunos volveréis a trabajar con las ganas justas. Tranquilos, es muy probable que, en los próximos días, a lo sumo un par de meses, volváis a vuestro estado actual vegetativo y que la muerte laboral temporal no os siente tan bien como pensáis que lo hace en este mismo momento. Vuestro despido está a la vuelta de la esquina y no sólo como acto educado ante las nuevas amistades hechas en el lugar de veraneo. La depresión postvacacional te durará poco, míralo por ese lado, no todo serán malas noticias para ti. La tumbona de la playa se parece mucho a un ataúd, bastante mullidito y cómodo para un descanso que puede ser temporal o eterno. Solo os separa la tapa, abierta en la tumbona de la playa, pero siempre puede llegar una racha de viento traicionera y la sombrilla que pensabas que te protegía puede caer con violencia sobre tu cabeza. Las muertes ridículas están a la orden del día.

Poco después llegará la Navidad y, además de no poder poner la calefacción, no podrás hacer regalos y las cenas y actos con amigos se reducirán a un botellón compuesto por unas cuantas litronas y unas bolsas de patatas fritas. No os sintáis mal por ello. La nostalgia vuelve a estar de moda y disfrutaréis recordando cuando os acercabais a los veinte años y teníais que hacer malabarismos con la paga que os daban vuestros padres. Qué jóvenes que erais entonces y qué viejas que serán en ese momento vuestras esperanzas. Seréis treintañeros, cuarentones o cincuentones con un espíritu joven y pobre, como lo es siempre el pueblo ante el poder, pero esta vez llevado a un extremo desconocido.

Las distopías de series como Black Mirror por fin podremos vivirlas en primera persona, con lo que las hemos disfrutado mientras aún podíamos habernos organizado socialmente para aplacar el golpe que nos viene.

El final del verano

Uno empezó este texto aliviado por el final del verano, defendiéndose como pudo de él desde la fortaleza de su hogar. Puede parecer que luego derivase en una visión catastrofista ante el futuro cercano, pero nada más lejos de la realidad. El verano, como lo hemos entendido, puede que se esté acabando para siempre, cosa que los amantes del buen gusto agradecerán.

Nos quedan tres estaciones por las que luchar, las más dignas y sensatas. Vienen tiempos duros, pero, si estamos unidos, puede que este no sea el último verano y volváis a disfrutar del sudor pegajoso y de revolcaros en la arena de la playa hasta poder ser confundidos con filetes empanados. No me importará volver a sufrir esta antiestética estación si la dignidad se impone en la calidad de vida de la gran mayoría de nosotros. Negaré haber escrito esta frase. Hasta siempre, verano. O no.


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2 comentarios

  1. Las chanclas y sandalias son mas feas que el corazón de un asesino…jaja me encanta

  2. Avatar Lucía Ramos

    El ciego sol se estrella dijo José de
    Espronceda.
    Horas de Oro dejó Manuel Machado
    en su verano.
    Con cantos de la vendimia se despidió
    Salvador Rueda.
    En una tarde de septiembre nos
    deleita con las pastorales
    Juan Ramón Jiménez.
    A lo lejos se escucha ya
    Vientos del pueblo de Miguel Hernández.

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