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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Opinión, Política

España, conmocionada por los bulos y las mentiras oficiales

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Las mentiras oficiales, los engaños políticos y los bulos están destrozando la moral y la democracia en España. Ningún otro país de Europa desconfía tanto de sus gobernantes como España, donde los bulos y las mentiras de los políticos causan estragos. Las mentiras y los bulos atraviesan el país de norte a sur creando desconcierto e inquietud. Además de enturbiar y envilecer la convivencia y la vida política, la desconfianza ha emponzoñado la lucha contra la pandemia. Millones de españoles ya no esperan inmunizarse con las vacunas, sino únicamente no contraer nuevas enfermedades como consecuencia de haberse vacunado

Es evidente que la OMS, los laboratorios fabricantes de vacunas y los gobiernos nos han mentido prometiéndonos una inmunidad que ahora resulta imposible. El mundo, cuarteado y resquebrajado por la desconfianza en el poder, es cada día más indecente, inseguro e ingobernable.

La ciudad de Sevilla vivió en días pasados una situación de alarma como consecuencia de un bulo indecente. Se corrió la voz de que una treintena de jóvenes se desmayaron y sufrieron algo parecido a un ictus instantes después de ser vacunados, que tuvieron que ser ingresados de urgencia en los hospitales y que los enfermeros se negaban a seguir vacunando a los jóvenes. Todo era mentira, pero el pánico y la desconfianza en las vacunas y en los políticos se extendieron por toda la ciudad, demostrando que los bulos pueden ser un arma letal.

Los políticos, los medios de comunicación y las instituciones mas destacadas han perdido la credibilidad y han dejado al ciudadano en el mayor desamparo, lo que invalida la democracia y deslegitima a los gobernantes.

El gran culpable del drama es el poder político, que ya no es creíble. Hace medio siglo, nadie dudaba de la versión oficial y lo que decían las autoridades iba a misa, pero hoy basta que lo digan los políticos para sospechar que se trata de algo falso.

Un inmenso grado de desconfianza

Ese inmenso grado de desconfianza en los poderosos que dirigen el mundo y en los medios de comunicación está conmocionando las sociedades y cambiando el mundo, que busca desesperadamente encontrar nuevas fuentes de certeza y de información fiable.

La democracia es un sistema basado en la confianza de los administrados en sus administradores, pero esa confianza ha desaparecido y ha convertido a los gobiernos en ilegítimos, en peligrosos y en violadores de los derechos humanos, algunos tan importantes como el derecho de los ciudadanos a ser informados verazmente, situado en la alta escala de los derechos de obligado respeto.

La desconfianza se extiendo por todo el mundo, pero es difícil superar el nivel alcanzado por la España que gobierna Pedro Sánchez, el más mentiroso y estafador de los dirigentes europeos y quizás también del planeta. Asomarse a la hemeroteca para analizar las promesas incumplidas, las contradicciones y las mentiras de Pedro Sánchez es aterrador, hasta el punto de que parece imposible que una persona de tanta escasa calidad humana haya podido llegar a gobernar una vieja nación europea como España.

Las redes sociales españolas e internet están plagados de estafadores y piratas informáticos que pugnan por arrebatar sus ahorros al ciudadano, una plaga indecente frente a la que las autoridades hacen poco, casi tan poco como contra esos okupas que roban las viviendas y expulsan a sus dueños ante la pasividad insultante y probablemente delictiva de los que gobiernan.

Muchos sospechan que la desconfianza y las mentiras proceden de la izquierda, pero es evidente que hoy no tienen color y son un vicio practicado por todos los bandos políticos, por la derecha, la izquierda y los nacionalismos, todos empeñados en engañar y estafar a sus ciudadanos.

«Las promesas electorales están para no cumplirlas», lo dijo un socialista, Enrique Tierno Galván, el que fue alcalde de Madrid en los primeros tiempos de la democracia, quizás sin saber, a pesar de que era profesor universitario, que con aquella simpática gracia lanzaba una mortal carga de profundidad contra la democracia y el mismo sistema.

¿A quién creer? ¿Qué creer? ¿Qué es verdad y qué es mentira?

Los medios de comunicación, otra fuente sólida de veracidad en el pasado, son hoy un basurero donde proliferan las mentiras oficiales, las versiones interesadas, los bulos y los silencios cómplices. Muchos medios se han dejado comprar por los gobiernos, los partidos o por corporaciones empresariales y han dejado de ser fuentes de verdad para operar como agentes instigadores de la mentira, el engaño, la confusión y el desconcierto.

El «derecho a ser informados verazmente», fundamental en las democracias, ha saltado por los aires en España y en otros países, generalmente mal gobernado por tiranos o por delincuentes camuflados de políticos. La consecuencia es que el pueblo se siente perdido y se torna mas esclavo y sumiso ante el Estado-delincuente que los engaña.

Pedro Sánchez ha contribuido de manera enorme a que el reino de los bulos y las mentiras se instale en la sociedad española, la más confundida y engañada de Europa

Son tantas las mentiras que nos invaden que el pueblo suele olvidarlas pronto e ignorar que está siendo maltratado y constantemente estafado por aquellos poderosos que tienen el deber de ser ejemplares, veraces y decentes. Es fácil comprobar que en los partidos políticos enseñan a sus cachorros a ser convincentes cuando hablan, pero no a que sean defensores de la verdad. «Lo importante es el partido», dicen en las izquierdas, las derechas y en cualquier grupo que pugne por el poder, que ya no es un servicio al pueblo sino una apuesta organizada por repartirse los cargos, dineros y privilegios del Estado.

Pedro Sánchez ha contribuido de manera enorme a que el reino de los bulos y las mentiras se instale en la sociedad española, la más confundida y engañada de Europa. Sus promesas electorales, entre ellas la de que no pactaría con los comunistas o con los nacionalistas antiespañoles, con los que ahora forma gobierno y funciona su mayoría parlamentaria, fueron una estafa, como muchas otras. De él se dice que «miente más que habla«, lo que constituye, en sí mismo, una causa de deslegitimidad antidemocrática.

Los pueblos necesitan ya reencontrarse con las certezas y verdades más que con la misma prosperidad o la justicia. Un pueblo desconcertado y confundido es lo más parecido a un rebaño torpe que no sabe a dónde dirigir sus pasos y que termina en el precipicio.


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