jack johnson

Armando Buika, en el papel del boxeador Jack Johnson.

Cultura, Igualdad

Entrevista con Armando Buika (II): «En España nos siguen deteniendo por el color de la piel»

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En esta segunda parte de la entrevista, el actor y activista social apuntala conceptos clave para entender el racismo en nuestro país, como los clichés y los prejuicios. Asimismo, cuenta cómo es Jack Johnson, el boxeador al que da vida en la obra de teatro ‘El combate del siglo’, que se representa en la Sala Beckett de Barcelona hasta el 13 de junio

El presidente de la Asociación The Black View es el protagonista de El combate del siglo, una ambiciosa obra de Denise Duncan ambientada a principios del siglo XX e inspirada en la historia de Jack Johnson (1878-1946), primer boxeador negro que se convirtió en campeón mundial de pesos pesados tras vencer a su oponente blanco, Jim Jeffries, al que interpreta Álex Brendemühl. Su victoria desató una violenta reacción por parte de la comunidad blanca, con disturbios, linchamientos y hasta algún asesinato, recuerda Armando Buika (Palma de Mallorca, 1970), hermano de la cantante Concha Buika, que encarna al campeón afroamericano. En esta segunda parte de la entrevista, Buika incide en que ya se atisba el nacimiento de una era de apertura mental para que las personas racializadas puedan acceder a trabajos en igualdad de condiciones con los blancos. Armando Buika es hijo del exiliado político, poeta y escritor Juan Balboa y hermano de Guillermo Balboa, primer alcalde negro que hubo en Palma de Mallorca.

-¿Qué hace falta para llegar a la igualdad en el mundo de la cultura?

-Hay un trabajo de fondo que hay que hacer muy importante y creemos que eso pasa por la cultura y por la ficción. En teatro ya estamos desarrollando muchas obras en ese sentido. Estamos en conversaciones con Disney y Netflix, que están dispuestos y deseosos de abrir ese prisma. De hecho, Netflix ya va a sacar producciones propias incluyendo a personas racializadas.

-¿Cuáles son las diferencias actuales entre el racismo de Estados Unidos y el de España?

-Está bien que nos hermanemos por raza, pero lo que reivindican los negros norteamericanos no tiene nada que ver con lo que reivindicamos nosotros. A nosotros no nos matan por la calle ni la policía nos dispara si no nos detenemos. Aquí estamos luchando por la visibilidad, porque estamos completamente invisibilizados, y por la posibilidad de desarrollar nuestras carreras, que no nos pongan trabas. En España nos siguen deteniendo y pidiendo la documentación por el color de la piel. Una vez me la pidieron al salir del AVE, en Sevilla. Solo a mí. El agente me dijo que era un random. Qué casualidad que, de 400 personas que hay aquí ahora mismo, soy el único negro y al único que le ha tocado el random es a mí. Pues toma mi DNI, español de Palma de Mallorca. Yo les daría un curso de formación a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para quitarles ese chip que tienen metido en la cabeza de negro significa malo.

-Actualmente, está representando en Barcelona un papel protagonista en El combate del siglo. ¿Cómo es Jack Johnson?

-En plena época de segregación racial, en la que un negro ni siquiera podía viajar con una persona blanca, él tenía una novia blanca y le encantaba andar con mujeres blancas. Como la sociedad norteamericana no podía soportarlo, empezaron a boicotearle y le acusaron de un asesinato que no había cometido, por lo que se escapó de Estados Unidos y se fue a vivir a Barcelona. Van a hacer una película ahora sobre su vida. Nuestra obra de teatro no solo habla de racismo, sino de los miedos y de la identidad. Se cuenta la vida de Jack Johnson a través de las mujeres que coparon su vida (su madre, sus novias…). Es una maravilla.

-Su hermana es la cantante Concha Buika. ¿Ella también ha encontrado barreras para desarrollar su profesión por el color de su piel?

-Concha se trasladó a vivir a Miami y, a la semana de estar allí, me llamó llorando y me dijo: «Armando, ¿tú sabes qué es salir a la calle y tener la sensación de que no le debes nada a nadie? En España no nos damos cuenta, pero da la sensación de que tenemos que estar agradecidos todo el tiempo. Miami es una ciudad en la que todos somos inmigrantes, por lo tanto hay una igualdad total y absoluta. Y me hizo reflexionar mucho sobre el trabajo pantaleónico que hay que hacer en este país todavía.

-¿Cree que la pandemia nos ha hecho más tolerantes o menos tolerantes?

-El ser humano se adapta y, ante las adversidades, siempre saca y agudiza el ingenio. Pero temo las consecuencias de todo lo que está ocurriendo ahora mismo, porque nos han quitado algo que es fundamental, que es la libertad. Tengo que salir con una mascarilla, no puedo abrazar, no puedo tocar… Creo que las consecuencias de esto las vamos a sufrir a la larga. Ahora mismo salgo a la calle y me da pánico darle la mano a alguien. Han sembrado en mí una desconfianza que no tiene tampoco mucho fundamento. Es un virus extrañísimo, que se mata con lejía y cuando te lavas las manos, pero que es letal. Es algo muy raro. Veo que estamos condicionando a los jóvenes con algo que es fundamental a esas edades, que es socializar. A nivel mundial, temo las consecuencias. Nos ponemos a criminalizar a chavales por hacer de chavales rebeldes (todos lo hemos sido).

-¿Hay que denunciar a los que se saltan las normas sanitarias?

-Esto de que uno llame a la policía porque su vecino tiene en su casa una reunión de 10 personas, me parece tremendamente peligroso como sociedad. A mí me da mucho miedo esto. Cuidado con señalar con el dedo, que esto lo hemos vivido en otras épocas y ha terminado muy mal. Tú no puedes apretar tanto, no puedes decirle a la gente que se vaya a la playa con mascarilla. Déjennos ser personas responsables. Es una situación rocambolesca.

«Todos deberíamos revisar nuestra escala de valores e intentar ser más humanos, ya que la de Ceuta no es una historia de héroes y villanos»

Armando Buika

-¿Qué medidas se están tomando en los rodajes?

-Hace poco he estado en la producción de una película, El lobo feroz, con Javier Gutiérrez, y las medidas de seguridad han sido extremas. Un equipo entero, un set de rodaje entero (cámara, director, ayudante de dirección, maquillaje, peluquería…) con mascarilla y los actores, previo PCR, somos los únicos que rodamos sin mascarilla, pero, en cuanto termina la escena, viene una persona a darnos la mascarilla. Las personas que tienen un trabajo de cara al público deberían ser vacunadas.

-¿Qué opinión le merece el conflicto de España con Marruecos?

-Nunca sabremos de las presiones, acuerdos y desacuerdos con el gobierno de Mohamed VI. Aparte de no ser algo fortuito, imagino que viene heredado de nuestro anterior monarca. Lo que me parece increíble es cómo nuevamente buscamos héroes donde tendría que haber humanidad. Lo digo por la famosa foto que está dando la vuelta al mundo. ¿Alguien se ha preguntado quién era ese chico? ¿Qué paso con él después del abrazo? Todos deberíamos revisar nuestra escala de valores e intentar ser más humanos, ya que esta no es una historia de héroes y villanos. Es una historia de sufrimiento, sueños rotos y un profundo sufrimiento.

-A Santiago Abascal le impidieron hacer un mitin en Ceuta por razones de seguridad…

-Con respecto a la aparición de Abascal en Ceuta dando muestras de su política de trincheras, dudo que sepa que la frase vallas altas hacen buenos vecinos es de un poema de Robert Frost, pero como se la oyó decir a Donald Trump… Ni en eso es original.

-Usted y su hermana han querido ponerse el apellido de su madre en el nombre artístico…

-Sí, lo hemos hecho como homenaje a mi madre. Mi padre, Juan Balboa, abandonó a mi madre cuando yo tenía 11 años y tuvo que criar sola a seis hijos en la Mallorca de los años 80, que era un territorio hostil. Cada vez que pasábamos por un sitio determinado, había un tío que insultaba a mi madre todos los días durante años: «Negra, vete a tu país». Una vez, este señor cometió el error de escupirnos. Entonces, mi madre me cogió del brazo y me dijo: «Continúa». Hice el paripé, le ayudé a colocar la compra, volví a la calle a buscar a este señor y nos pegamos una paliza mutuamente (yo tenía 14 años). Después de eso, llegué a escondidas a casa y me curé la ceja partida. Me miré al espejo y me puse a llorar, porque no me sentía bien. De repente, me di cuenta de que le había dado argumentos para odiarme a una persona que me desconocía. Y ese señor, a partir de ese día, odiaría más a los negros. A partir de ese día, cuando me veía venir, cruzaba a la otra acera. Pero eso no es forma de vivir: yo no quiero que me teman, quiero me acepten.

-¿Considera que hemos avanzado poco en ese sentido?

-España es un país de clichés y tenemos que eliminar eso, porque hace muchísimo daño a la sociedad. Mi personaje, Jack Johnson, vino a Barcelona en 1916, una época en la que Barcelona estaba boyante. Y a este hombre jamás le insultaron por ser negro, le aceptaron tal y como era. De hecho, fue una persona muy conocida en el Paralelo, montó una agencia de publicidad y se hizo famosísimo. Como mi padre, que era profesor en la Universidad de Palma y se codeaba con Adolfo Suárez. Juan Balboa fue uno de los grandes librepensadores y líderes pensadores del exilio en Guinea Ecuatorial. Por un lado, le he admirado, porque era un hombre con una mente prodigiosa, pero, por otro, le tengo que censurar, porque nos abandonó. Nosotros, los hijos, siempre nos hemos alineado con el dolor de mi madre. Tengo esa dualidad.

-¿Hubo reconciliación?

No pudo ser. Pusieron precio a su cabeza en Guinea Ecuatorial y se refugió en Valencia. La pena es que estaba enfermo y, cuando estaba sacando el billete para ir a verle después de tantos años, se murió, porque estaba enfermo de los riñones.

-La vida de su padre es de película…

-Si, de hecho estoy escribiendo el guión.

Para leer la primera parte de la entrevista con Armando Buika, pinche aquí.


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