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Una mujer musulmana pasea por París.

Cultura, Opinión

El velo musulmán en la escuela en una sociedad multicultural: propuesta de la Alianza de Civilizaciones (II)

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El origen del velo musulmán es una cultura medieval donde la mujer está sometida, y fuera de casa no puede mostrar ni siquiera su rostro. Ella, sumisa y en el ámbito familiar, está controlada en una sociedad patriarcal donde -visto desde nuestra cultura- ni siquiera es considerada ‘persona’, donde en muchos sitios puede ser herida y asesinada por el marido sin problemas. El velo es así un símbolo de una identidad sometida, expresa el deber de las mujeres de cubrirse cuando van entrando en un espacio público que se le va abriendo en la escuela, universidad o administración pública u otros trabajos (García Pascual, 2016)

Pero el sometimiento de la mujer no se resuelve prohibiendo el velo, sino yendo a las causas, que son muchas. Por ejemplo, en muchos sitios de Europa se presiona a las jóvenes para que usen esos atuendos, aunque se habían acomodado a las formas de vestir europeas, pero vuelven al velo, no por su elección, sino por presiones familiares y sociales. Quizá todas las culturas tienen aspectos positivos y otros que hay que mejorar, y sin duda el admitir a inmigrantes en nuestros países significa que deben respetar unas leyes, pero de ahí a querer cambiar sus culturas hay un paso que sería injusto.

En definitiva, resulta difícil entender el debate del velo si no se tiene en cuenta el debate más amplio actualmente en curso en la mayoría de países occidentales acerca de la integración de la población extranjera (de primera y segunda generación). Unos piensan que la visión occidental (eurocentrismo) es la única libertad, progreso y democracia, ante otros que sí creen en un diálogo intercultural como vía para el enriquecimiento mutuo de las sociedades. Ahora nos fijaremos en ese miedo a la presencia del Islam en Europa, que subyace detrás de todo este debate. En un editorial llamado El Islam y Occidente, el periódico ABC afirma: “La más torpe manera de encarar la realidad consiste en negarla. Por mucho que algunos se esfuercen en rechazarlo, en los últimos años asistimos a la eclosión de una serie de conflictos que, de un modo u otro, apuntan a un choque entre civilizaciones” (26 de octubre de 2002).

El periódico El Mundo comparte esta idea que hemos visto en ABC, del “choque de civilizaciones”: habló de “una guerra en la que no se combate por el territorio, sino por los valores, por una forma de vida” (3 de octubre de 2001). Siguiendo a Fallaci, periodista que apoyaba esa visión, señala que los países que acogen a esos inmigrantes son abiertos, y los países de donde ellos provienen no acogen esas libertades que aquí tienen, no hay contrapartida, y que hay “desinterés de una parte de los inmigrantes musulmanes por adaptarse a la forma de vida de los países que los acogen”.

«No hay terreno neutral»

El presidente norteamericano de entonces, George W. Bush, declaraba que en esta guerra no hay «terreno neutral en la lucha entre civilización y terror… porque no hay terreno neutral entre el bien y el mal, libertad y esclavitud y vida y muerte” (New York Times 20.03.2004). En Francia, después de los atentados islamistas de comienzos de siglo, fueron expulsados muchos inmigrantes de Francia (New York Times 10.11.2005). En noviembre de 2005, había 800.000 musulmanes encarcelados en todo el mundo acusados de terrorismo, algunos fueron trasladados a países que permiten la tortura para extraer información (The Guardian 8.11.2005).

En este contexto, en septiembre de 2004, en la conferencia inaugural del expresidente del Gobierno español José María Aznar como profesor en la Universidad de Georgetown dedicada al terrorismo internacional, afirmó: “El problema de Al Qaeda con España empieza a principios del siglo VIII, cuando una España recién invadida por los moros rechazó ser un trozo más del mundo islámico y empezó una larga batalla para recuperar su identidad. Esa Reconquista fue un proceso muy largo, que abarcó casi 800 años, pero que finalizó con éxito”.

Samuel Huntington, con su libro The Clash of Civilizations, ahonda en esta desconfianza, que se basa en observar una ola de integrismo en muchos países, que están bajo la bandera de un fundamentalismo musulmán. Hemos visto cómo el tesoro artístico de Afganistán se desmoronaba por la fiebre iconoclasta. Sin embargo, pienso que en los países europeos no somos muy ajenos a estas fiebres: basta recordar la última guerra de España.

Los ciudadanos de cultura islámica son como yo, como nosotros, y no comparten en su mayoría las posturas fundamentalistas, más bien las sufren en su piel. Y si nos quejamos de ciertos aspecto de la cultura musulmana, podemos hacer autocrítica, pues Occidente tiene problemas a causa de nuestra cultura (hay mucha falta de respeto a la dignidad de la persona, mucho cerrarnos al individualismo en lugar de abrirnos a la solidaridad con el prójimo cercano y lejano, como son los países africanos, etc.). Las formas de racismo y exclusión de nuestras gentes deberían verse como limitaciones, defectos, que necesitan educación y transformarse en formas de inclusión de respeto a la diversidad, a la multiculturalidad.

La educación para el respeto habría de ayudarnos a ir conviviendo con los musulmanes

La educación para el respeto, sobre todo en la familia y la escuela, pero en todas las formas de comunicación social comenzando por los mass media, habría de ayudarnos a ir conviviendo con los musulmanes, que van siendo cada día más en nuestra sociedad. Ellos tendrán que conocernos mejor a nosotros, que tenemos una profunda separación entre religión y Estado. Y nosotros a ellos.

En Europa, se ha pasado de la presencia de musulmanes a la presencia del Islam, es decir de unos inmigrantes han pasado a ser una cultura. Y muchos se preguntan: ¿Qué significa esto, una invasión? ¿Hemos de acogerlos o tenerles miedo? ¿Van a conquistarnos con hijos? Son algunas de las preguntas que se hacen en los medios de comunicación. Al ver cómo viven en los países musulmanes, salen a la luz cosas preocupantes. En Europa hay un miedo a la invasión. Y vemos que las respuestas no son las adecuadas: se deja morir a mucha gente en el mar, en las pateras, y son personas que podrían salvarse, pues pienso que tenemos radares para poder intervenir sin que esas personas mueran. Y eso independientemente de que detrás de esas migraciones estén las mafias que trafican con personas…

Los problemas éticos tienen soluciones éticas (no dejar que mueran), aunque luego hay que darle soluciones políticas, que es otro ámbito. Pero la incompetencia política no puede trasladarse a esas faltas de ética como es dejar que tantas personas mueran. También habría que profundizar en el conocimiento de la historia y ver que las grandes migraciones a la larga han enriquecido las civilizaciones que tenían síntomas de decadencia. Y en esa esperanza abriremos las puertas a los que tienen derecho a ser acogidos, pues todos los problemas citados son menores comparados con el derecho de ser acogidos. Las fronteras son un invento humano y las personas que no tienen tierra tienen derecho a ir a las tierras que no tienen pobladores, como los que tienen una familia y carecen de trabajo tienen derecho a ir donde hay empleos que necesitan brazos.

Estos conflictos no se han gestionado bien. Muchos problemas como los atentados terroristas vienen de las guerras en Oriente Medio, guerras injustas. Es evidente el interés económico que tiene Occidente en Oriente Medio. Esas guerras capitaneadas por los Estados Unidos han sido injustas aunque se excusen con lemas como Justicia Infinita. ¿No sería mejor no mentir y decir que las han hecho por intereses económicos: petróleo e industria de armas? La metedura de pata en Irak fue hacer lo que vinieron a llamar una “guerra preventiva”, que es algo así como para que tú no me dispares, yo te disparo primero. Desde el punto de vista ético es algo inaceptable.

La prevención, además, no tiene un límite pues, en sentido posible, todos son un peligro para todos. Además, no está bien ver a los demás siempre como posibles agresores, porque es volver a la ley de la selva. Sin una situación concreta de amenaza, actual o sólo posible, no se puede atacar violentamente. Hay otras formas de prevención. Sin agresión real no puede haber justificación para un ataque. Y no podemos poner de ejemplo la destrucción de poblaciones inocentes muertas por decisión de soltar bombas atómicas, como hizo el presidente americano en la Segunda Guerra Mundial. Estos ejemplos nos pueden servir para no hacer guerras preventivas con las personas musulmanas que vienen a nuestra tierra. Los prejuicios son nefastos, porque, en lugar de unir, dividen.

Hemos repasado en este punto las sombras que tiene la relación de Europa con los llegados de países islámicos. Los ataques terroristas del 11 de septiembre y sucesivos en distintos países, como represalia a los ataques citados, están en la base del miedo que hemos dicho. Pero los países musulmanes son los primeros que padecen esos ataques terroristas. Ni es verdadero lo que muestran al identificar al Islam con el integrismo, ni los muestran que los países musulmanes son paraísos de libertad, como algunos hablan de que los siete siglos de dominación islámica en España de Al-Andalus han sido paradisíacos, pues depende de los datos que cojan en el análisis sale una cosa u otra.

También se equivocan los que, englobando a la vez chiísmo y sunnismo, hablan del Islam como una cosa única. Las generalizaciones deberían ser contrastadas. Por ejemplo, la opinión pública recibe mensajes de los que no están regulados en sus permisos de residencia como si fueran delincuentes administrativos. Después de los recientes atentados terroristas, pasan a tener la sospecha de que es terrorista cualquiera de ellos. Los Estados con sus Gobiernos acaban siendo activos propagadores de esta criminalización social de la inmigración. La islamofobia (o rechazo social a las expresiones de un culto como el Islam y a los miembros de esta comunidad religiosa, los musulmanes), acaba siendo una variable determinante del discurso sobre el Islam.

Hacia una Alianza de Civilizaciones

El Islam es la segunda religión del mundo, con 1.900 millones (25% de la población mundial) y son la mayoría de la población en 50 países. Y son personas como yo, como nosotros, con su dignidad. Sin embargo, hemos visto guerras recientes como en Irak, Afganistán y otros conflictos de Estados Unidos en Oriente próximo que han provocado división y mucho odio. ¿De qué han servido las guerras? Pienso que siempre que Estados Unidos ha hecho estas guerras en Oriente (también en Oriente lejano: Corea, Vietnam…) no han servido para nada. Además, la guerra deja pueblos oprimidos, humillados, que son luego un problema: el oprimido siempre levanta la cabeza. Se revuelve contra el opresor. La violencia -que siempre es injusta- genera violencia. Las armas de destrucción masiva también las tienen Estados Unidos o Israel (y, por tanto, si no cumplen las resoluciones de la ONU, ¿cómo pedir ese cumplimiento a otros países?).

Me parece fundamental fomentar la no-violencia y concretamente en la educación en la escuela. Y apoyar formas de unirnos en la construcción de un mundo solidario donde haya sitio para todos. Por ejemplo, la ONU en 1998, a propuesta del presidente Jatami de Irán, declaró el año 2001 como Año del Diálogo entre Civilizaciones. Luego el gobierno español propuso a través de su presidente Zapatero una Alianza de Civilizaciones, y desde la ONU se asumió y se promueve con un compromiso de crear un orden internacional donde no se excluya a nadie. Sin colonialismos por motivo de color o economía. Sin recordar rencores y guerras del pasado.

En la aldea global, se acercan y pueden unirse los pueblos, pero también vemos intolerables marginaciones, llegando a una auténtica exclusión de los más pobres. Es preciso que nos convenzamos de que todos los hombres estamos unidos, formamos una familia. Para ello, es preciso una educación en la solidaridad; que con la globalización implica una determinación firme y perseverante de empeñarse en el bien común de toda la humanidad; de todos y de cada uno, todos somos verdaderamente responsables de todos. Y no ver nunca al otro como un instrumento de explotación a poco coste, sino como un semejante nuestro, con la misma dignidad. Del respeto hacia las personas nacerá una cultura para el diálogo.

El velo islámico ha suscitado un debate en Europa y en España, que hemos analizado dentro del marco de un debate más amplio: la presencia del Islam en un mundo que se convierte en una aldea global, donde todos estamos interconectados.

La violencia nunca aporta nada bueno, sino que el camino correcto, el único camino, es siempre la comprensión, aceptación del otro en una educación que sea inclusiva, con el respeto al otro en la construcción de una multiculturalidad. En las escuelas puede enfocarse este camino dentro de la globalización que es algo que avanza sí o sí, en una sociedad que está muy comunicada. Lo malo ha alcanzado unas grandes cotas, por ejemplo con lo que llaman “choque de civilizaciones”. Pero también lo bueno se va desarrollando, en la solidaridad que está creciendo con la crisis del coronavirus: se descubre que no estamos solos sino que hemos de ocuparnos los unos de los otros, y así estamos todos mejor. La propuesta de Alianza de Civilizaciones puede alcanzar ámbitos mucho más amplios que simplemente la no agresión entre Islam y Occidente. Evitando una desconfianza entre países, se puede construir una colaboración mundial. Pienso que la política no es lo más importante, sino el papel de la educación, y concretamente en las escuelas: educación inclusiva, en los valores de la multiculturalidad y el respeto al otro.

Si quiere leer la primera parte de este artículo, puede pinchar aquí.


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