sindrome del impostor

Una imagen que ilustra el síndrome del impostor. / THINKSTOCK

Opinión

El síndrome del impostor

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Cuando empezamos una actividad profesional, tanto si es la primera como si nos estamos reinventando, o incluso si llevamos tiempo trabajando en algo, quizá podemos sentir que no estamos lo suficientemente preparados para ello. Y esto nos limita. Se le llama síndrome del impostor

Es una mezcla de complejo de inferioridad, quizá de falta de autoestima, que nos lleva a buscar qué hacen los demás para imitar esos modos de trabajar, de hablar… de un modo excesivo, sin sacar lo mejor de nosotros mismos. Piensa si a veces no hemos solicitado un trabajo por no cumplir con todos los requisitos. Si preparamos un trabajo de un modo excesivo, sin acabarlo nunca… Si nos da vergüenza publicar en las redes sociales por si aquello no está perfecto. No reconocer nuestras habilidades al hablar con los demás. No dejar que nos hagan cumplidos pensando que no los merecemos. ¿Te ha pasado alguna vez? Nos ha pasado a muchos alguna vez.

Aunque tenemos fortalezas, pensamos que no nos merecemos el reconocimiento por parte de los demás: podemos pensar que el éxito que hemos tenido no ha sido por méritos propios sino por suerte y que los demás pueden darse cuenta de que, en realidad, no valemos la reputación que tenemos.

En primer lugar, nos falta autoconocimiento: somos los únicos que no conocemos nuestras cualidades. Conozco gente estupenda que tienen la sensación de no ser unos genios cuando en realidad lo son. Piensan que no se merecen las fortalezas que en realidad tienen, cuando solo piensan en los fallos que tienen, las debilidades, y los agrandan. Les falta autocompasión y les sobra autocrítica. Y odian los elogios pues les parecen falsos. Sienten culpa de todo…

Mejorar el ‘feedback’

¿Cómo actuar para superar esa falsedad? Hay que mejorar el feedback que nos viene de fuera, pues es difícil el feedback interno, que es donde está el problema; hay que reconocer los sentimientos que nos vienen y ver por qué sentimos eso. Muchas veces no tienen base objetiva. Es el primer paso para tener un control interno, si no se ve lo que viene desde fuera como que ha habido suerte. Empezar a ganar control interno es un primer paso.

Decía Álex Rovira que la buena suerte no existe, es una mezcla de preparación y oportunidades. Y hemos de tener coraje para coger esas oportunidades cuando llegan. Para eso, conviene hacer una apropiación de nuestras cualidades: hacer una lista de ellas para comentar esas fortalezas cuando convenga hacer una presentación ante los demás y mostrar los proyectos que hemos conseguido. Claro que también tenemos debilidades, que son cualidades aún mal enfocadas, que hay que seguir cuidando para convertirlas en oportunidades. Por tanto, hay que analizar las cosas que nos van bien y relacionarlas con nuestras cualidades: cómo las hemos tenido de nacimiento o las hemos adquirido poco a poco con esfuerzo. Ver cuánto síndrome de impostor tenemos y reírnos un poco de nosotros mismos.

En segundo lugar, conviene pedir ayuda. Especialmente si llevamos más de cinco meses con algo nuevo y persiste esta sensación. Un mentor es una buena idea para el comienzo de una actividad nueva. Dicen los americanos que lo importante para una persona es tener cinco o seis amigos de confianza para aconsejarse en los distintos campos de nuestra vida. Que lo importante es que, cuando una de esas personas ya no está en nuestro camino, podamos escoger a otra adecuada para sustituirla. Así, preguntar a un mentor, amigo, profesional de confianza, es un buen modo de escapar del síndrome del impostor, por la seguridad que da tener a alguien experimentado que nos dice las cosas que hacemos bien, nos dice que estamos preparados, nos ayuda a seguir mejorando. Y, al vernos bien, nos sentimos bien. Ya podemos estar a gusto en una red de contactos, ir a una reunión y sentirnos a gusto y mostrar la mejor versión de nosotros mismos.

El efecto multiplicador de la confianza

Además, cuando preguntamos, experimentamos que la gente con experiencia normalmente disfruta ayudándonos, en contra de lo que puede pensarse antes de preguntarles. Y de ahí surge otra experiencia, y es que compartir el conocimiento que tenemos con los demás no sólo es dar información buena, sino que nos ayuda a sentirnos bien y más valorados. Al principio puede resultar forzado, podemos sentirnos inseguros, con miedo, pero vamos haciéndolo con naturalidad y vamos dando sensación de seguridad. Y cómo las personas se sienten atraídas por las personas seguras, ya que dan confianza. La confianza adquiere así un valor multiplicador. También ayuda a ese proceso establecer lazos con gente del gremio.

Así, poco a poco, se va ganando esa confianza, que tiene un feedback y, al retroalimentarse, se va adquiriendo confiabilidad en los demás. Se va superando la fase de principiante. Pero esto no significa que luego nos creamos perfectos, pues la vulnerabilidad es siempre un valor, que no está opuesto a conocer nuestras cualidades. Se trata de ir aprendiendo, dando cada día lo mejor de nosotros mismos.


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6 comentarios

  1. Avatar José Ramón Talero Islán

    Magnífico, Luciano, sabios consejos para ir poniéndolos en práctica… Seguro que ayudará a muchos…

    • Avatar Luciano

      Muchas gracias, José Ramón, me alegro de que te haya gustado y espero que pueda ayudar!

  2. Avatar Lucía Ramos

    Sabemos bien que los cristianos, en general, afrontan mal el absurdo, no está incluido realmente en sus categorías.

    • Avatar Luciano

      Gracias por el comentario, Lucía. No lo había pensado, pienso que el Cristiano tiene la confianza de que todo está dentro de los planes divinos y podrá tener una misión …

  3. Uf…no sabes cuanto me ayuda este artículo…la inseguridad crece cuando uno se encuentra volviendo a empezar de cero con cierta edad, en un sitio nuevo. La memoria no es la misma ya, y la experiencia que se tiene de otros trabajos, quizás no sirva para los nuevos…
    pero como bien dices hay que tomarlo con paciencia y humor, valorarse y » tirar pa’lante»…

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