insomnia

Una ilustración sobre el insomnio. / FREEPIK

Opinión

El silencio negro

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Aunque es de noche (canción que Rosalía me canta como si fuera una parte más de mi almohada, como si de una nana se tratase mientras se corta las uñas de sus manos, garras que no quieren guerra y que se convierten en pétalos que rodean mi cama) y el silencio negro dé a luz a una humanidad exterminada, el sueño sigue sin venir a rescatarme

Que no pueda dormir me acerca más a la vida que se lleva en los cementerios. Sus inquilinos seguro que murieron en una ensoñación muy parecida a esta. Cuando la vigilia me acompaña, pienso en lo que he hecho durante el día. La rutina de llevarse encima es de un aburrimiento cósmico. El universo se acabará cuando cada uno pueda verse desde fuera y vea cómo su alma tampoco pesa nada. No dormir es darle vueltas a la vida y que te deje en el mismo sitio con la sensación de estar perdido. Durante el día nos movemos con la intención de dejar el sueño cerca, la cama aparece en nuestro pensamiento de manera nítida. En mi caso, me la guardan unos seres alados y una mujer cuyo rostro se difumina al contacto de mi cabeza con la almohada. Una mujer aleatoria donde el mejor despertar sería ponerle cara.

Pero aquí sigo sin dormir. Y me arrepiento de casi todo lo que he hecho en el día. De haberme tomado para desayunar un café Volluto de Nespresso porque es el que toma George Clooney en el anuncio de estas cápsulas de sabor robótico. Blanquear esta situación metálica echándole un poco de leche a este Chernóbil interior. Mis tripas son esa parte de Ucrania, pero no cuando pasó ese accidente, sino en este momento. Una guerra fría tiene en tensión a mis intestinos. Rusia entra en mí y amenaza la paz de mi territorio. Cantos de sirena me dicen que no cambie de desayuno, tengo la moscovita detrás de la oreja, una amenaza que vuela en el Transiberiano. Raíles que se sujetan en el cielo de mi boca. El día que vomite comenzará la guerra. Pero nunca lo hago. Tengo miedo de mis explosiones interiores.

Debería seguir llevando mis pensamientos por ese lugar. Sigo sin dormir. El silencio negro se torna de una ceguera brillante. Seres microscópicos se posan sobre mis párpados, los acarician y las cosquillas se transforman en estrellas que se pegan en el techo de la habitación. Si en este mismo momento el firmamento cayese sobre mí, el cielo eterno estaría hecho de los cascotes más algodonosos. Pero no es el caso y el pensamiento sigue enchufado a esta realidad de plomos poco fundidos, por desgracia. En noches como esta, la electricidad tiene como hilo conductor mi alma líquida. Estos pensamientos gaseosos son lo más sólido de lo que me rodea.

Decía que me arrepiento de todo lo que me pasa en el día cuando la noche no se lo lleva con el reseteo de la desconexión nocturna. Hablaba de mis explosiones interiores y esta noche que es solo lo que mi imaginación más oscura y fantasmal quiere que sea, que convierte esa metáfora en la evidencia de cada una de las palabras que forman la frase. Veo, imaginar sería quedarme corto en esta noche tan alucinada como real, como una bomba colocada debajo de mi cama que necesita darle sentido a su existencia. Igual que los humanos hemos venido a este mundo a mejorar o a empeorar la vida del resto de seres de nuestra especie. En esto no hay término medio, como lo de estar embarazada, se está o no se está, y no se puede estar un poquito.

Observar las calles que tampoco pueden dormir

Las bombas se han hecho para hacer pedacitos muy pequeños todo lo que les rodea. Mi cuerpo, pues, se esparció por la habitación. Partes de mi brazo se pegaron al recogedor que guarda la cinta que hace subir la persiana. Querían ver la oscuridad exterior, observar las calles que tampoco pueden dormir, mientras los vagabundos sí que lo consiguen, pues no se puede soñar de manera más libre. Las yemas de mis dedos borran las teclas de este ordenador para que despierte de esta escritura que se quedó dormida tras la explosión.

Pero no puedo mentir a nadie. Evidentemente, mi cuerpo sigue entero. El silencio es lo único que salta por los aires entre estas cuatro paredes. Me arrepiento de haberme despertado esta mañana. De haber trabajado durante unas horas en algo que solo le merece la pena al que se beneficia de ello. De haber comprado en el supermercado productos a un precio desorbitado. De haberme tomado solo tres cervezas en el bar, cuando me hubiese tomado otras tantas si no quisiera también escribir, salir a caminar, quedar con amigos y amigas que sean interesantes. He desechado con los que me quedaba dormido, puede que se debiera a mi mal dormir nocturno o a algo interno que tengo que me hace ese trabajo tan necesario por mí. Con el despertar, mis arrepentimientos desaparecen y mis actos se vuelven a repetir con una precisión de cirujano matemático. La noche es imperfecta a la luz de nuestros días.

Al final he podido dormir unas pocas horas. Dos o tres. Una película larga que acaba mal. Una en el que el protagonista tiene que seguir luchando por lo que quiere y, para ello, tiene que salir de la cama. Si de ella saltásemos a la libertad elegida y no a las tareas impuestas, todavía tendría algo de sentido hacerlo. Pero cuando no lo tiene, The Smiths tienen un himno para estos héroes silenciosos. Asleep es la canción de los seres dormidos, los que, ante esta sociedad que nos quiere angustiosamente despiertos, sueñan la vida eterna que les gustaría llevar. Dormir sin darte cuenta de que estás despierto. Descansar mientras realizamos las tareas que nos hacen útiles para los demás. Sensaciones placenteras.

Por desgracia, pronto llegará otro día con su noche eterna y esas sensaciones volarán como un cuervo ciego. Ser y estar oscuro en una habitación donde sólo sigue acompañándome el silencio. Él hace tiempo que eligió dormir durante el día.


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2 comentarios

  1. Avatar Lucía Ramos

    Jesús Zurita, pinta en «Boca de energúmeno»
    y habla en «Raja y Grieta»: cerrando los ojos
    podemos incluso oir resuellos.
    Una respiración compartida.
    Aire que viene y va.

  2. Avatar Angeles Suarez

    ¿Rusia entra en ti y amenaza la paz de tu territorio?

    ¿Y por qué Rusia?

    ¿Es que quizás los otros son inocentes?

    ¿Por qué moralmente siempre defendemos lo que nos interesa?

    ¿Es que quizás no tienen razón los rusos con tener miedo de la OTAN?

    ¿Quiénes tienen más antecedentes de atacar, de invadir y de crear bloqueos económicos? ¿No es quizás Estados Unidos el que se lleva el premio?

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