primera mujer vacunada

Araceli Rosario Hidalgo, de 96 años, fue la primera persona vacunada en España.

Opinión, Salud

El miedo a la vacuna y la desconfianza en los políticos se extienden por el mundo

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El miedo a las nuevas vacunas contra el coronavirus se extiende por todo el mundo, alimentado por un hecho sin discusión: los políticos han perdido credibilidad y despiertan desconfianza y recelo porque han aprendido a mentir y a causar daño a la ciudadanía

Millones de ciudadanos no saben qué hacer ante las vacunas, pero la mayoría se somete. Yo me la voy a poner, pero confieso que estoy alarmado por las teorías que circulan, algunas sostenidas por científicos y médicos de solvencia y rigor.

En este caso, después de meditar la situación, creo mi deber advertir a mis lectores sobre algunas de las teorías que circulan por el mundo sobre las nuevas vacunas que nos van a inocular contra el coronavirus, casi todas ellas basadas en el miedo a que provoque efectos secundarios graves, a que afecte a la estructura genética humana, a que sea aprovechada para potenciar la tiranía y a que contribuya a reducir la población del planeta.

Me explican que las vacunas de nueva generación, como la de Pfizer, son básicamente ARNm (la m significa mensajero), que una vez inyectado circula libremente por el cuerpo hasta engancharse a una encima llamada ACE2, que existe, entre otras partes del cuerpo, en los ovarios, en los testículos y en la mielina de las neuronas. Al engancharse, puede destruir o alterar esas células y la mielina, produciendo efectos desconocidos, incluyendo los que muchos consideran que es el objetivo final de esas vacunas: transformar a los humanos en seres estériles y con problemas mentales, asustados, extraordinariamente dóciles y manejables.

De ese modo, si esos temores fueran fundados, la pandemia y las vacunas habrán conseguido facilitar la imposición mundial de una nueva tiranía, basada en un Estado poderoso y ajeno a la democracia, y reducir, por medio de la esterilidad de una parte de la Humanidad, la población mundial.

Cruzar la línea roja

Hay otras versiones compartidas por la mayoría de científicos y por los fabricantes de las nuevas vacunas, que niegan que utilizar el ARN mensajero signifique cruzar la línea roja que puede cambiar la condición humana y que el ARNm utilizado por las vacunas es inocuo y se diluye una vez cumplida su misión de generar anticuerpos.

Es cierto que los conspiranoicos están obsesionados por el miedo al mundo oculto que desconocen y que tienden a ver fantasmas y males donde no los hay, pero algunas veces aciertan. También es cierto que la clase dirigente mundial ha demostrado muchas veces su maldad intrínseca y su falta de escrúpulos a la hora de mentir, engañar, torturar y hasta exterminar poblaciones enteras, como ocurrió con frecuencia estremecedora en el pasado siglo XX. También es cierto que una parte importante de las élites mundiales quieren avanzar hacia un modelo más autoritario y menos democrático, donde el Estado y los políticos que lo controlan sean más poderosos y en el que las libertades y derechos ciudadanos se reduzcan seriamente.

Todo esto, unido a las inseguridades reales sobre los efectos de unas vacunas que han sido fabricadas a toda velocidad, sin realizar todas las comprobaciones habituales, alimenta la desconfianza y el miedo.

Repito que pienso vacunarme y que no soy un conspiranoico, pero reconozco que tengo dudas, miedo y una dosis insoportable de desconfianza y recelo, entre otras razones porque mi vida de periodista internacional me ha enseñado a desconfiar de los políticos y a defenderme de sus mentiras y suciedades.

Da miedo poner el brazo para que te inoculen una vacuna que, según las autoridades competentes, no se sabe, una vez puesta, cuándo empezará a inmunizar

La verdad es que la vacuna es necesaria para detener la pandemia y recuperar la vieja normalidad, aunque aquella normalidad hoy soñada no merezca admiración ni cariño alguno porque el mundo perdido era injusto, desigual, mentiroso, dominado por la oscuridad e impregnado de maldad y abuso de poder, que sólo era confortable para los poderosos y que también era infernal para los débiles, pobres y desprotegidos.

Da miedo poner el brazo para que te inoculen una vacuna que, según las autoridades competentes, no se sabe, una vez puesta, cuándo empezará a inmunizar, cuánto durará la inmunización y qué efectos secundarios puede mostrar a medio y largo plazo, si afectará a tu inteligencia, a tu sexualidad, a tu fertilidad o si dañará partes de tu cuerpo, dejándote debilidades y carencias que darán la cara con la vejez.

Pero también hay datos tranquilizadores, como que Israel haya vacunado ya al 12 por ciento de su población sin que se hayan descubierto alteraciones ni reacciones preocupantes o que exista unanimidad en el apoyo de los dirigentes mundiales a la vacunación.

Lo cierto es que la política ha fracasado de nuevo ante la pandemia, no sólo porque no sabe detenerla, sino porque ha sido incapaz de proporcionar al pueblo una información veraz y certera que genere confianza. Su incompetencia nos ha colocado delante de la vacuna con miedo y angustia. Malditos sean esos dirigentes mediocres y corruptos que sólo saben aprovecharse del poder en beneficio propio.

Lo repito por ultima vez: Yo me pondré la vacuna, pero lo haré cargado de recelo y desconfianza. Ustedes mediten y decidan.


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