manos viejas

Una manos venerables.

Opinión

El hombre más rico del mundo

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El hombre más rico del mundo tiene ocho hijos y los bolsillos vacíos. No tiene nada que dejarles en herencia; su casa es alquilada, no posee propiedades, ahorros ni títulos. Vive de sus hijos, todos personas honradas, trabajadoras y honestas. Este hombre lo tiene todo porque sabe que sus hijos le quieren por lo que él es y por lo que ha sido: su padre

El hombre más rico del mundo estaba siempre por su casa, nunca tuvo un trabajo fijo ni estable, pero siempre había un encargo de alguien para que arreglara algo porque sabía hacer un poco de todo. Sus hijos, a medida que crecieron le iban ayudando después del colegio, aportando algo a la casa, para comer, vestir y estudiar. Todos sacaron sus estudios medios sin conflictos ni aspavientos, y fueron muy respetuosos con todos sus maestros. Ahora están todos casados menos “el chico”, y ya le han dado 14 nietos y 11 biznietos, que son para él lo mejor del mundo. «Cuantos más somos, más nos queremos», decía.  

El hombre más rico del mundo no ha tenido ningún vehículo, nunca lo ha necesitado, a todos lados iba en su bicicleta, la que cuidaba y mimaba como a uno más de la familia. Todos sus hijos aprendieron a montar en bici con Mi Estrella, así la bautizó y así la llamaba; decía que los coches eran para los cómodos, y que si los demás querían gastar su dinero en comodidades, él prefería gastar lo poco que ganaba en tener más hijos: «Los coches duran un tiempo, los hijos toda la vida».

El hombre más rico del mundo nunca ha padecido ninguna enfermedad importante; siempre andaba por la calle de un lado para otro, de chapuza en chapuza, y no lo paraba ni un simple resfriado, pensaba en sus hijos y se le pasaba cualquier mal pasajero. En su pueblo todos lo quieren y aprecian, todos conocen su humanidad, su sencillez y también su necesidad de ingresar un jornal en casa para poder seguir tirando, al día, pero sin deudas ni préstamos; decía que ese es el mejor remedio para dormir tranquilo: «Tener salud y no deberle nada a nadie».

El hombre más rico del mundo vivió junto a su mujer un momento muy duro después de nacer el quinto hijo; ella se quedó completamente ciega y de manera irreversible debido a una enfermedad. Eso no frenaron sus ganas de seguir teniendo hijos para continuar ofreciéndoles lo que tenían, un amor por la vida basado en su familia, un respeto exquisito en las formas, un cariño y un mimo que más quisieran muchos, una complicidad y una obediencia en sus hijos dignas de ejemplo en un manual moderno de psicología para padres: «Los hijos te devuelven lo que tú les das, así es de sencillo». 

El hombre más rico del mundo deja que sus hijos le cuiden ahora que es viudo y que no tiene ingresos. Nunca está sólo, siempre hay gente por su casa, siempre; si no es de visita, es de comida, de merienda… su casa está siempre viva. Sale con sus biznietos todas las tardes y se los lleva al campo a que corran por los olivos y cacen hormigas, como hizo primero con sus hijos y luego con sus nietos. «Nunca me he sentido solo, porque mi familia siempre me ha querido».

El hombre más rico del mundo lo es porque en su vida ha tenido todo lo que ha necesitado, el amor incondicional de su mujer y la admiración desde el respeto de todos sus hijos. «La mejor de todas las fortunas», decía.

No es magia, es educación.


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Un comentario

  1. Avatar Jota Toba

    Bravo!! Magnífico artículo poniendo en valor lo verderamente importante en la vida: el amor y la familia. Así de sencillo…

    Saludos

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