coco escribano

Una ilustración de Coco Escribano.

Opinión

El garabato que quiso pintar el horizonte

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Comienza el año de los dos patitos y como bien sabe Coco Escribano, una de las mejores ilustradoras que tenemos en España, soy experto en pintarlos con la gracia suficiente para que parezcan o que están enfermos o que son seres que están mutando hacia lo desconocido. Ella, en su bondad, me dijo que no lo hacía mal, pero todos sabemos que la ceguera se cura cuando te das de bruces con la más cruda realidad

A mí me conviene vivir más en la fantasía, un delito en el que reincido con gusto. Reinsertarse en la realidad es mucho más difícil que hacerlo en la sociedad. A la gente la puedes intentar engañar para no hacerle daño, como Coco, o para beneficiarte de ella como hacen los distintos poderes que sufrimos. Tengo la suerte de que esto que están leyendo tiene la estética gráfica de los que visualizan la concordia hasta llevarla a la realidad. Yo me manejo bien en el garabato, en esta letra mía de receta de médico que sufre de espasmos cuando lo artesanal se encuentra entre mis manos.

Pero yo con este artículo lo que intentaba hacer era vislumbrar lo que se oculta en el horizonte que se esconde a este año vista. El bicho parece que no nos quiere abandonar, y no estoy hablando de Pedro Sánchez o de Isabel Díaz Ayuso, también nocivos y mortales, sino de ese que es invisible y que no hemos votado para que nos amargue la vida, como algunos hacen con los políticos que antes he nombrado. El final de la pandemia está cercano, pero para el otro problema no hay vacuna posible, solo la lobotomía.

Uno que es negacionista de la realidad impuesta, intenta salvarse en el optimismo que brota de mi alma manchada de lo material. Mi cuerpo vuela por encima de sus necesidades y mi cerebro piensa en mitad de la ventolera constante en la que vive. Abro las ventanas de mi cuerpo y de mi mente para que el aire nuevo se confunda con el viejo. Hay cosas que no quiero olvidar y otras que no recuerdo y fueron una creación de hace un momento. El cierzo de mi tierra de nacimiento me convierte en un ciclón y lo hace de manera literal. Soy una sucesión de ciclos donde ninguno termina. Avanzar hacia el infinito es de una belleza poética aterradora.

No quiero engañar a nadie

No quiero engañar a nadie. No tengo ni idea de lo que va a pasar este año. Supongo que ustedes esto ya lo sabían, y solo esperan a ver qué se me puede ocurrir en los siguientes párrafos. Solo existe la realidad de la página que se va escribiendo. La culpa es de un servidor por meterse en este tipo de líos. Con lo fácil que sería escribir un artículo con un tema concreto como hace la mayoría de los que practican el noble arte del articulismo. Pero igual que estamos perdidos ante la vida y nos vamos defendiendo como podemos, yo quiero hacer lo mismo con este tipo de textos cortos. No quiero partir con ventaja. Ir de listillo. Manejar la información a mi antojo e ir soltándola en los momentos que me parezcan más interesantes para ello. No estoy escribiendo una novela sino un pronóstico inventado de lo que será este año tan patoso.

En febrero, los enamorados celebrarán su futura condición como seres solitarios. Seré testigo de ello mientras soplo las velas de la tarta

En enero hará bastante frío, incluso puede que nieve en algún momento. En febrero, los enamorados celebrarán su futura condición como seres solitarios. Seré testigo de ello mientras soplo las velas de la tarta. En marzo, el invierno acabará y a los padres, por muy poco, no se les podrá regalar la primavera. En abril, volverá la alegría entre sus toses florales, la alergia a los capullos se multiplicará. En mayo, todo será madre naturaleza. En junio, se acabará el curso de las cosas y comenzará el infierno. En julio, la muerte será el alivio de los que huimos de esta odiosa estación. En agosto, los enfermos a los que les gusta el calor, la gravedad de su dolencia crónica les hará ser internados en centros psiquiátricos. Se convertirá en decreto ley y por fin los políticos harán algo que merezca la pena. En septiembre, la tristeza de esa gente, tan poco de fiar, hará que se nos ponga una sonrisa a los que sí que somos buena gente. En octubre, por fin habremos olvidado el verano y las mujeres volverán a sonreírme con sus labios y no con sus cuerpos. Ellas siempre eligen bien, hasta cuando lo hacen de espaldas y la mueca se invierte. Lo que más me gusta de ellas es cómo me sorprenden con sus partes creativas y sus pensamientos. Ellas seguirán siendo las protagonistas de las películas que me hago en la cabeza, y donde me gusta colocarme como un humilde figurante. En noviembre, seguiremos celebrando que entre los muertos sigue estando Franco. Y, en diciembre, estaremos deseando otra vez que la Navidad pase cuanto antes para poder estar con nuestros seres queridos.

Como ven, va a ser un buen año. A mí los patosos me caen bien, mis dedos poco pintores son un buen ejemplo de ello. Tengo pendiente dibujar un segundo patito en este año veintidós. Creo que eso puede significar algo, una conjunción astral. Y que mi profesora particular, Coco, decida si he mejorado o no. De ello dependerá el devenir de este año. Déjenme jugar a que es así. Siempre estará mejor el destino de todos en mis desastrosos dedos que en las manazas que dominan el mundo desde siempre. Voy por buen camino, el lápiz ha dejado de hacerme caso, como el teclado de este ordenador.


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2 comentarios

  1. Avatar Lucia Ramos

    Su visión de un horizonte utópico
    ha quedado perfectamente sentido.
    Me recuerda a la Bella filósofa y amada
    mujer Simone Weill , que fue capaz de
    crear un almanaque extraordinario con
    el duro quehacer diario.
    Una vez más,gracias por su saber
    transmitir sin aburrir ni mentir.

  2. Avatar Angeles Suarez

    Pues sí, que es bueno evadirse y construir castillos en el aire, construir un mundo artificial, fuera de nuestras posibilidades. Los sueños son reales cuando se vive gracias a ellos.

    “La vida es sueño”. Y no hay mejor definición que la que le dio Calderón.

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