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El autor de 'El final del affaire', Graham Greene.

Cultura, Opinión

‘El final del affaire’ o la maestría narrativa

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Es una novela de Graham Greene de acompasada maestría narrativa, cargada de atrevidas preguntas sobre la imperativa pasión de amor envuelta en la fibra y las dudas más exigentes

En este verano maldito vuelvo a disfrutar con la lectura de El final del affaire. Posiblemente la mejor novela de Graham Greene. Escrita allá en 1946 en un Londres desfigurado por las bombas, que ha perdido su majestuosidad de admirable metrópoli. Se agradece por su desafiador y comprometido diálogo social. Esta compleja historia, temblor de su andadura en el transcurrir cotidiano por el sendero del deseo, en el que se muestra aquello que se puede considerar propio de la existencia humana. Lleva y trae la razón de ser, el espejo de las pasiones propias de la condición humana como desafío cargado de interrogantes.

Novela de acompasada maestría narrativa. Cargada de atrevidas preguntas sobre la imperativa pasión de amor envuelta en la fibra y las dudas más exigentes. Situaciones y pulso de vivencias amorosas frente a la incógnita de un Dios vigilante. Y ante su creencia, la permisividad de una convivencia que mece su gozo del brazo o la fidelidad a lo que dicta la religión y el pecado del adulterio.

Los protagonistas de la aventura son la pareja formada por Maurice Brendrix, un mediocre escritor de novelas, y Sarah Miller, mujer encantadora que se resiste a aceptar el aburrimiento rutinario de las relaciones anodinas y frías del matrimonio, que se soportan bajo los temblores de los bombardeos de  los aviones de Hitler y esa realidad y deseo de los cuerpos de tiempo delirante: “Ser y no ser”.

Esta nueva edición de la novela se debe a Libros del Asteroide, y cuenta con un espléndido epílogo del escritor Mario Vargas Llosa. Y repito escritor, por encontrarse en las antípodas de ese otro Mario Vargas Llosa con la enfermedad mental de un liberalismo de influencias aznaristas cuya aversión no oculto. Amo la brillantez de su obra. Vomito de su anacrónico liberalismo en una España donde la nostalgia franquista disfrazada de democracia de la derecha es preocupante.

Dolor y esplendor literario con acertada traducción de Eduardo Jordá con epílogo, ya les digo, de justicia y hondura de Vargas Llosa con el título de Milagros en el siglo XX, que el Premio Nobel considera obra maestra, en la que se aprecia cierta influencia del compatriota de Graham Greene, Chesterton y los escritores franceses Mauriac, Claudel y Bernanos. Sin olvidar la lucha literaria y religiosa de nuestro Miguel de Unamuno. Queda mostrado en esa clásica situación, compromiso del alma para creyentes de la religión católica ante el dilema del adulterio. Un tema complejo lleno de vivencias que, en estos tiempos que corren, se producen en las más variadas situaciones.

Para el observador laico que se sitúa a la distancia medida entre lo profano y lo divino, repasa con su memoria los escalofriantes aconteceres de una religiosidad falsa e hipócrita, que me lleva a recordar aquellos versos desafiadores del poeta César Vallejo: “Yo nací un día que Dios estuvo enfermo. / Todos saben que vivo, que soy malo; / y no saben del diciembre de ese enero. Pues yo nací un día que Dios estuvo enfermo /. Hay un vacío en mi aire metafísico que nadie ha de palpar: / el claustro de un silencio que habló a flor de fuego«.

Ignoro si este magistral y perenne escritor que es Graham Greene conoció estos ejemplares y trágicos versos del poeta en lengua de Cervantes. Y es que muestran al trasluz la presencia e identidad del autor que se transmite en el transcurrir de la novela. Ese conmovedor interrogatorio a sí mismo de los dos protagonistas de tan continuo desasosiego entre la verdad y la ficción. Entre lo cotidiano del vivir y lo sublime y espiritual. Lo importante de su contendido nos muestra la gloria y el poder literario del escritor. Tragedia planteada sin adornos de catolicismo de componenda. “Ser o no ser” de la realidad y el deseo. Enfrentamiento virulento cargado de desasosiego y sacrificio de fe y pasión hasta el aniquilamiento.


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