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Gandhi, en el centro de la imagen.

Cultura, Opinión

El espíritu de la no violencia (I)

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«La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa…», decía Erasmo de Rotterdam. Y aunque hay siempre el “derecho de legítima defensa” que para muchos justifica las guerras, no es menos cierto que el que hace violencia a un pueblo no deja a este pueblo amigo, y si no se hace con absoluta justicia este pueblo oprimido se sentirá humillado, y luego levantará la cabeza contra el agresor: el oprimido siempre levantará la cabeza, y entonces volverá su furor contra el agresor. Si la espiral de violencia no conduce a nada bueno (como vemos en el Próximo Oriente), ¿cuál es la solución de un conflicto como el que tenemos estos días?

De la mano de Aurelio Fernández en su escrito La paz y la guerra quería profundizar en las palabras de Jesús que llama bienaventurados a los artífices de la paz porque serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9; palabras recogidas en la visión que la Iglesia tiene sobre el mundo en los documentos Vaticanos: GS,77).

La no violencia en la Biblia

La paz en la Biblia no es la ausencia de conflictos, sino algo mucho más rico. El saludo Shalom desea un bienestar pleno, no sólo una paz social. Está en el núcleo del mensaje del Mesías, Príncipe de la paz (Is 9,7), cuya misión será inaugurar la paz. El mensaje de Jesús es la paz, se hacen realidad las palabras anunciadas por el salmista: «La justicia y la paz se besaron» (84,11). Es el shalom -bienestar, equilibrio y plenitud- que anuncia Jesús: “la paz esté con vosotros”.3

Jesucristo no quiere violencia: vemos cómo atempera los ánimos alterados de los hijos de Zebedeo cuando le piden que «baje fuego del cielo» contra los samaritanos (Lc 9,54-55). El consejo de no resistir a quien hiere una mejilla es un buen ejemplo de su modo de pensar: «amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, bendecid a los que os maldicen y orad por los que calumnian. Al que te hiere en una mejilla ofrécele la otra, y a quien tome el manto no le impidas tomar túnica; da a todo el que te pida y no reclames de quien toma lo tuyo» (Lc 6,28-30).5

Incluso en el uso de la violencia en defensa propia, Jesús propone una aceptación que la deja de lado, así cuando el apóstol Pedro acomete con la espada en el prendimiento de su maestro, Jesús le responde: «Mete tu espada en la vaina, pues quien toma la espada, a espada morirá» (Mt 26,52).

De Luther King a Gandhi

La no violencia es la esencia del Evangelio, y ha sido llevada a la práctica en la historia por algunos cristianos como M. Luther King, y otros que no lo fueron exteriormente como Gandhi. Se trata de una actitud fundamental y continua profundamente pacifista, que rechaza toda violencia y mucho más la venganza. Algunos llegan a decir que «la no violencia es un consejo evangélico como la obediencia o la castidad» (M. García).

Hay palabras que han resultado difíciles de entender en un mundo donde la agresión se castiga con otra agresión (véase los conflictos de Oriente Medio). Cuando Jesús habla de «volver la mejilla» (Mt 5,39) está proponiendo una alternativa a la ley del talión, que señalaba en los antiguos una respuesta proporcionada al mal recibido. Y, sin duda, fue un primer paso para resolver conflictos, pues antes si mataban a uno de los míos se respondía con matar a 100 de los tuyos, y esto podía llevar a una aniquilación de la raza humana. Sin duda, el “ojo por ojo y diente por diente” (Ex 21,23-25) fue un avance. Pero Jesús propone excluir toda lucha vengativa y quiso iluminar nuestro espíritu rechazando toda acción política o revolución social por vía de la violencia.

La doctrina de Jesús sobre el amor fraterno ha de iluminar los conflictos sociales que tengamos (contra el terrorismo, conflictos territoriales, de nacionalismos, etcétera) y no pretende ser un manual para resolverlos sino que muestra una dinámica del amor y no violencia para que esta luz nos permita iluminar las distintas situaciones a las que nos enfrentemos. Y esto queda al buen hacer de la política, que dependerá de las circunstancias y, por eso, no se trata de promover un pacifismo irreflexivo.

Esta luz hace que san Pablo no hable de la revuelta social sino de una conversión interior, porque si tengo paz en mi corazón seré portador de paz dondequiera que vaya. Esto no implica desprecio a las tareas políticas, sino que afirma la prioridad de la tarea educativa en la interioridad, que luego tiene una manifestación social. Es como el ejemplo del iceberg que tiene mucho más dentro del agua de lo que sale fuera; así, si dentro está todo en orden, aflora por fuera esa bondad: «Estad, pues, alerta, ceñidos a vuestros lomos con la verdad, revestidos de la coraza de la justicia y calzados los pies, prontos para anunciar el evangelio de la paz. Embarazad en todo momento el escudo de la fe, con que podáis apagar los encendidos dardos del maligno. Tomad el yelmo de la salvación y la espada del espíritu, que es la palabra de Dios… para dar franqueza el misterio del Evangelio, del que soy el embajador encadenado para anunciarlo con toda libertad y hablar de él como conviene» (Ef 6,14-20).

Cuando las personas están desinhibidas, por ejemplo cuando se encuentran bajo efectos del alcohol, aparece lo que llevan dentro: muchas veces la agresividad, la violencia. Se manifiesta en la violencia doméstica, en las calles… Pienso que se trata de una agresividad muchas veces reprimida en las personas, que cuando se pierden los nervios o hay esa desinhibición aflora fuera, mostrando la podredumbre en el corazón de las personas, la falta de paz. Cuando observo agresividad en los niños, cosa que va contra la esencia de la inocencia infantil y no parece lógica, no dejo de pensar que los niños son como un espejo virginal de lo que ven en el corazón de los mayores: la agresividad de los mayores contamina el corazón inocente de los niños. De ahí que la paz interior es la solución para todos los conflictos sociales, y eso es lo que indica el Evangelio: atemperar y gobernar las propias pasiones en lugar de buscar un «enemigo» exterior, pues el auténtico enemigo está dentro. El ejemplo de que tenemos dentro dos lobos, uno bueno y otro malo, nos puede iluminar: podemos alimentar al lobo que deseemos que domine. El Antiguo Testamento lo decía con otras palabras: «Ante ti está el bien y el mal, la vida o la muerte, como un fruto que se te ofrece: alarga la mano y toma el que tú desees«. A esto se refiere san Pablo cuando indica que él «ha combatido el buen combate» para ganar «la corona de la justicia» (2 Tim 4,7). La «autoridad» de Pablo es «para edificar y no para destruir» (2 Cor 10,8).


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4 comentarios

  1. Gran artículo, lleno de fe.

  2. Avatar Miguel Ángel Ruiz

    Magnífico artículo y muy apropiado hoy en día y en todo momento, pues el problema que nos encontramos con la violencia en todas partes, si lo analizamos parte de nuestro propio corazón.
    Que Dios te bendiga.

  3. Me gusta pues me ayuda a profundizar en la consecución de la Paz
    El daño la agresividad a los niños pequeños
    Como habla Pablo de q la PAZ esta dentro se consigue mediante la aceptación de lo q nos ocurre
    Sobre todo las dificultades

  4. Avatar Luciano Pou Sabaté

    Muchas gracias con vuestros comentarios, Eric, Miguel Ángel y Julia! Estoy de acuerdo con lo que decís. Saludos!

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