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Isabel I de Castilla y Fernando de Aragón, interpretados por Michelle Jenner y Fernando Sancho en la serie 'Isabel'. / RTVE

Cultura, Historia, Opinión, Política

El color de la leyenda

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A estas alturas, quien no haya oído hablar del rollo ese de la leyenda negra, debería lavarse los oídos

Sí hombre, lo de que ha habido una propaganda secular para denostar el legado del mayor imperio que hasta la fecha existió sobre la faz de la tierra. El imperio español, dígalo sin ruborizarse. Eso es así, al menos hasta que acaben por conseguir borrarlo de los libros de historia, o directamente sustituyan los libros de historia por TikTok.

Que los enemigos que te granjeas siglo tras siglo hablen mal de ti también siglo tras siglo, a ver, tampoco es como para llevarse las manos a la cabeza. Cuando menos es comprensible. Pero aceptar la versión de esos enemigos de antaño a pies juntillas, sin el menor escrutinio o contraste, supone un exceso. Implica un ejercicio de empatía que de extrema se hace arbitraria, corrompiendo la validez de sus conclusiones.

Ante la afirmación de que los ejércitos españoles cometieran atrocidades, habrá que contraponer que a los pueblos nativos se les concedió carta de ciudadanía por la Reina Isabel, uno de los motivos por los cuales no fueron cazados y vendidos como esclavos tal como ocurría en otras colonias europeas en África. Podríamos añadir que los matrimonios entre españoles y nativas fue profuso, que el mestizaje ocurrió con naturalidad y que multitud de ciudadanos de origen indígena pudieron prosperar en las universidades creadas en los territorios de ultramar, así como en los estamentos del clero… En fin, derechos impensables para la población negra de los EEUU en el año 1950, por ponernos en situación. Se podría también valorar la reacción de lo más granado de Hollywood cuando Marlon Brando se negó a recoger su Óscar en protesta por lo que sí fue, de hecho, un genocidio perpetrado contra los indios en Norteamérica.

Decir esto no es negar que se cometieran atropellos en el Virreinato de Nueva España. De hecho, estoy seguro de que se cometerían tal y como se cometen a día de hoy. Estamos hablando del siglo XVI y XVII: la Declaración Universal de los Derechos Humanos se publicó en el año 1948 por las Naciones Unidas y lo cierto es que, en la actualidad, nos cuesta garantizar que se cumpla. En todo caso, el espíritu de esta declaración es equivalente al de la que publicó en 1504 la Reina Isabel La Católica, prohibiendo la esclavitud y preservando la propiedad de las tierras de los indígenas, entre otros derechos.

La Reina Isabel ha sido sin lugar a dudas una de las dirigentes más importantes de nuestra civilización por aunar unas dosis de clarividencia, valentía, generosidad y humanismo singulares. Y quizás por todo ello, otros líderes ignominiosos del calado de A. Hitler y sus simpatizantes (más o menos explícitos) se dedicaron a propagar ideas despectivas sobre ella aludiendo a su higiene o mal olor. Porque claro, alguien que respetase a los diferentes debía oler mal… como mínimo. Tampoco voy a descubrirles yo quién era Hitler ni sus papagayos.

Fue un salto a lo desconocido

A Isabel La Católica no se le han rendido todos los honores que probablemente se merece. Tuvo la valentía de empeñar sus joyas para financiar el proyecto de un desconocido. El proyecto consistía en dar la vuelta a un mundo que nadie sabía si era o no redondo. Es como si a Elon Musk se le presenta un tío hoy diciéndole que le dé tres servidores redundantes y un equipo de 100 ingenieros de software bajo la promesa de que conseguirá acabar con la corrupción política, la guerra y el hambre. Y Elon Musk se los diese. Tras aquella aventura que cambió el mundo, la Reina Isabel intentó preservar los derechos y dignidad de todos sus súbditos, aunque entonces, tal como hoy, hubiese poderes intermedios y anónimos que fallasen a la norma magna y a los principios más fundamentales.

Por todo ello, no me parece que el negro le siente bien a la leyenda del Imperio Español. Sin embargo, si hubiese que buscarle un color a la leyenda del imperio, probablemente el rosa tampoco sería el más acertado. Porque a las fechorías realizadas por todos esos pequeños poderes con almas ensombrecidas, se sumaría el desacierto de unos descendientes reales cada vez más alejados del virtuosismo de la Reina Isabel.

Así, en el que fuera el más próspero imperio que alguna vez hubo en el planeta azul que nos acoge, las necesidades de la población acabaron por encontrarse desatendidas a este lado del Atlántico, el analfabetismo era endémico, el ejército sufría las miserias que tan bien se recogen en las aventuras el Capitán Alatriste… De forma que, teniendo en cuenta ambos lados de la balanza y descartando el negro y el rosa, creo que usted mismo puede elegir el color que prefiera para referirse a la Leyenda del Imperio Español. Ahora eso sí, de lo que no hay duda es de que se trata de una gran leyenda.

Y por cierto, por si Elon Musk se anima, que sepa que se puede acabar con la corrupción, la guerra y el hambre con tres servidores y 100 ingenieros de software.


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