padres e hijos

Unos padres ayudando a sus hijos con la tarea.

Educación, Opinión

Educación adecuada y hábitos positivos previenen contra circunstancias adversas

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Antiguamente, a los padres jóvenes les decían sus mayores: «A los hijos tenéis que educarlos desde la cuna». Ello evidencia que siempre se ha considerado la importancia de dotar al niño de una «temprana y buena educación»

Es notorio que una de la enseñanzas que deben ser inculcadas, desde su tierna infancia, por sus padres y educadores es que, en su manera de ser, de actuar y de relacionarse con los demás eviten molestar, hacer daño u ofender. Edúquenles con ese sentido. En el proceso formativo, se les tiene que decir : «Es muy probable, casi seguro, que oigas o veas cosas no correctas, que presencies algún mal ejemplo; por desgracia, esto sucede. En cualquiera de los casos, ten criterio recto y personalidad para jamás imitarlos».

¿Cómo y dónde formarán ese criterio los adolescentes? En la familia, ya que ésta es la célula primordial de convivencia (vivir-con); son los padres (ambos), en las familias conscientes, quienes preparan a sus hijos para la vida. ¿Cuándo y cómo? Siempre. Con amor, con autoridad, con disponibilidad.

Ya tratamos en artículos anteriores la enorme importancia del estilo educativo familiar y lo funesto de los resultados negativos de los excesos en autoritarismo o permisividad. Y cuan diferente es el resultado cuando los padres comparten su tiempo y sus vivencias con los hijos. No hay secreto: papá y mamá en todo momento escuchan a sus hijos, que disfrutan contando sus cosas, sus batallitas, sus preocupaciones, problemas, dudas y que comparten secretos. La disponibilidad de los padres es todo lo contrario a: «Ahora no puedo», «estoy cansado», «vengo de trabajar», «que te ayude tu hermana»… Disponibilidad es escucharles, demostrarles que pueden contar contigo en cualquier momento; es acogerlos con una sonrisa; es que tengan confianza y fe en ti. Procediendo así, los hijos percibirán el amor que les tenéis. Vuestras palabras y vuestra actuación servirán a ellos de ejemplo; las buenas actitudes fructificarán en su corazón. Recordemos que el ejemplo es una lección viva.

No ofender, no hacer daño

Desde el principio, quedó implantada la idea de educar para que sean personas cuyo comportamiento nunca moleste, ofenda o haga daño a los demás. Sin embargo, la sociedad sufre en ocasiones acciones poco convenientes. Hay acciones que se pueden clasificar como simples faltas, otras serán de mayor inconveniencia, las habrá que pueden denominarse delitos (más o menos graves, dependiendo del daño infringido o de la intencionalidad). Hace tiempo (1970) leí estas palabras de la socióloga Bárbara Wootton: «El delito cubre actualmente una gama que se extiende desde el ama de casa que sacude su alfombra en su balcón después de las 8 de la mañana (…norma), hasta el ladrón que golpea a una anciana con una barra de hierro«. ¡Qué cantidad de variadísimos comportamientos caben!

Desgraciadamente, con no deseada frecuencia, leemos u oímos noticias sobre delincuencia o delincuencia juvenil. La intención de este artículo es la de potenciar la concienciación en los jóvenes y sus padres contra toda acción o circunstancia que pueda dar lugar a un negativo comportamiento para, precisamente, evitarlo actuando a tiempo. La pregunta es: ¿qué ha podido motivar en algunos niños o jóvenes su caída en comportamiento inadecuado, o en drogas o delincuencia?

El caso es observar cómo se adapta a la socialización; si acepta o no las reglas del juego

Por naturaleza, el niño, el adolescente, en sus relaciones con sus iguales, necesita afirmar su individualidad, «su yo y los otros». En casa, con sus hermanos; en el colegio, con sus compañeros; en sus juegos, con otros. El caso es observar cómo se adapta a la socialización; si acepta o no las reglas del juego. Encontraremos desde el que se diluye en el grupo (personalidad normal), hasta el que -a toda costa- quiere sobresalir e imponer su capricho. Ese es el típico elemento discordante (nocivo) que, si no se sale con la suya, procura estropear la paz del grupo y deshacer el juego; lo hará sembrando cizaña. ¡Ojo con él! Este tipo y otros especímenes son de una convivencia difícil, inestable, conflictiva y, en el peor de los casos, delictiva. Por suerte, no siempre esto es así, porque sería muy grave juzgar que todo comportamiento que se desvíe algo de lo adecuado o normativo, sería delito. O que, forzosamente, toda persona cuyas circunstancias le son adversas acabará por delinquir. Desechamos de plano esas erróneas aseveraciones. Vamos a partir de ideas clave. No para todos la vida es fácil.

Hay circunstancias que marcan: no tienen a su alcance las mismas posibilidades los que hayan nacido en uno u otro continente, en una familia acomodada o en una muy necesitada, o en una desestructurada o monoparental; es muy distinta la convivencia de un chico que es hijo único a la del que pertenece a una familia numerosa, o del que su padre o madre sean alcohólicos o drogadictos, o del muchacho que llega a pertenecer a bandas o pandillas… para qué seguir. Pues, a pesar de ello, no todo tiene que ir cuesta abajo. El antídoto a esas situaciones existe. Contamos con que el mayor porcentaje de familias ofrece a sus hijos un estatus educativo normal, con que también existen asociaciones que pueden ayudar -y mucho- a contrarrestar lo negativo que se ha enumerado. Por nombrar algunas, mencionaremos Cáritas, Save the Children, Fundación Vicente Ferrer, Unicef, Manos Unidas, parroquias (se buscaría información) y los gobiernos –si se lo propusieran, sabiendo que es una de sus obligaciones.

Con todo lo expuesto, y algunas directrices, estaremos contribuyendo a formar una juventud sana de mente.
Apliquemos medidas y recojamos el fruto de la siembra:

  • Fundamental: huir de ser padres excesivamente autoritarios o excesivamente permisivos, porque se criarán unos hijos inseguros, con falta de orientación, con baja autoestima, sin fuerza de voluntad, sin criterio propio, fácilmente manipulables…
  • Sed familia consciente y educad fomentando actitudes (ante la vida y ante hechos concretos y toma de decisiones); hábitos positivos (de vida, de comportamiento, de ayuda, de lectura, de tolerancia, de autocontrol, de solidaridad…); valores (respeto, sinceridad, orden, laboriosidad, honradez…).
  • Sed padres que saben y se atreven a decir un NO, cuando es necesario.
  • Que la alegría y la sonrisa reinen en vuestra casa. Sed positivos.

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