encuentros en la tercera fase

Un fotograma de la película 'Encuentros en la tercera fase'.

Opinión

Desencuentros en la tercera frase

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La primera frase es siempre el principio del final. La segunda es precipitarlo hacia un lugar conocido, pero este no es el caso. Querer escribir un artículo con tema en junio es algo propio de optimistas y de gente sin imaginación. Que haya algo que les marque el camino, que les guíe en su inoperancia de necesitar ver lo que se esconde tras las frases escritas

Como he dicho antes, estamos en junio y es el momento adecuado para no contar nada o hacerlo de una manera que así parezca. No os preocupéis, los políticos van a estar siempre ahí para tirar de ellos, pero equivocáis la manera en cómo utilizáis la cuerda. La soga debe ir siempre al cuello metafórico de estos, no me gusta la violencia física, pero sí la prosa que hace justicia con ella. Hay que dejar en paz a la gente. Escribirles sobre cosas que no perturben las realidades dudosas de las que son protagonistas. Tampoco está tan mal ser el actor secundario de tu propia vida. Desde un segundo plano se sobrelleva mejor las muchas tonterías que todos hacemos.

En el desdoblamiento salimos ganando los que somos más alma que cuerpo. Tener un doble para las escenas de acción no debe ser un privilegio en exclusiva para los actores y actrices más conocidos. Yo quiero que actúen por mí, sobre todo en julio y en agosto. No me importa que me deje en un mal lugar, que me avergüence de una manera que no sería capaz de hacer ni yo mismo, aunque en este caso no habría grandes diferencias, como mucho, en la ejecución de estas.

El cuerpo y el alma son organismos independientes

Se sabe que el cuerpo y el alma son organismos independientes y, el que no lo vea así, es un muñeco o un robot. Lo manipularán ya sea de manera clásica o más moderna. A veces se ponen de acuerdo y no hay más remedio que hacerles caso. A mí en verano me dicen que no haga nada, o tendría que ser más concreto y decir que quieren que haga muy pocas cosas. Las justas para que sea consciente de que ellos dos están ahí, listos para decirme lo que debo a hacer en cada momento, y en esta estación que viene, todo lo que no debo hacer. Me recomiendan no escribir o hacerlo muy poco. Nunca por obligación. Y si lo hago, que no prepare nada. Voy por buen camino. Quizás ya me esté quedando bastante largo esto que pretendía ser un entrenamiento de lo que está por venir.

Pronto empezará la Eurocopa, y me importará lo que le pase a nuestra selección, lo mismo que a Luis Enrique le interesa la vida de cualquier persona que no sea él mismo. Lo único bueno que tiene es que es asturiano, y más concretamente de Gijón, una de mis ciudades favoritas. Después llegarán las Olimpiadas, ver el esfuerzo de otros cansa, y es ideal para encontrar el sueño en nuestras siestas veraniegas, junto a ese Tour de Francia, en cuyas dos ruedas el deporte sí que se vuelve heroico. La cosa, como pueden ver, consiste en ver cómo otros utilizan sus cuerpos. El verano ideal es aquel en el que, al ir a pesarte, la báscula muestra que te pesa más el espíritu que la carrocería. Escribir sobre cosas que no pesen, que sean livianas, gaseosas y, al intentar atraparlas, se te escapen entre las teclas sin haberlas puesto en negro sobre blanco.

El miedo a la página en blanco es algo que no existe, es el fin en sí mismo, la muestra de la excelencia en el texto. Yo les recomiendo que lean libros de cualquier tipo y dejen la actualidad para cuando no quede más remedio y quiera enterrarnos junto a ella. Los que viven en el cementerio no necesitan de una actualidad que muere cada día, como ellos al despertar. Solo los muertos leen los periódicos de días anteriores para buscarse entre sus páginas. Solo nos queda irnos de vacaciones o quedarnos en casa, que es lo que hacen los que quieren descansar y prefieren gastar su poco dinero en cosas que son gratis. Pasear por las calles, como si fueras un viejo que, como canta Kase O en una de sus canciones, está «solo, soltero y solitario como el sol». Pero tú eres más joven, lo haces por pura inercia, por necesidad, buscando la caridad de que nadie te haga caso, de la misma manera que en invierno pero sin el amparo de la oscuridad.

Se puede quedar con alguna amiga guapa que, como todo el mundo debería saber, son sinónimos, pues la amistad embellece todo lo que le rodea y lo mejora. Que mis amigos sean mejor que yo era algo fácil de conseguir y de lo que estar orgulloso de ser egoísta. Disfrutar de esa belleza de la amistad femenina, de que en verano sean lo único que realmente merece la pena que luzca y que el sol se quede en ellas hasta las diez de la noche. Se saben apetecibles y disimular o actuar como si no pasara nada es algo que yo hago muy mal. Aquí me vendría muy bien mi doble de acción. Pero ellas saben que, en verano, yo no tengo cuerpo, que esos escombros se han quedado en casa con el resto de mis ruinas.

Pero no hay mal que 100 años dure y menos una estación que se derretirá por si sola. Entonces llegará el otoño con su frescor y los cuerpos de mis amigas bellas saben que tendrán en el mío un buen compañero de provocar calenturas. El verano debe ser un almacenamiento de energía. No escribir para escribirlo todo después. Pensar frases que en septiembre hayas olvidado. No apuntarlas, pues en octubre volverán envueltas en ramas desnudas. Saber que todos pisan esas hojas que has escrito es lo que las hace buenas. Besar la mirada ardiente de tu amiga veraniega, aire caliente en el que nuestros cuerpos desaparecen y viajan por una realidad de cohetes estrellados y volcanes donde bañarse. La ciencia ficción se confunde con el realismo para los que habéis leído este artículo. Steven Spielberg se lo ha guardado para leerlo este verano. Los desencuentros en la tercera frase se hicieron más que evidentes.


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