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Decepción Ibérica S.A.

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Amanece en Cádiz el 23 de marzo del año 1923. La recién estrenada primavera trae un aroma agridulce en la brisa que corre por las callejuelas de la ciudad de la alegría. La sociedad gaditana era objeto de un nuevo mazazo, otro más, propinado a la esperanza que nunca perdieron las gentes del sur por recuperar un lugar relevante en la sociedad española

Aunque uno de los hijos ilustres de la ciudad, Manuel de Falla, estrena en Sevilla su cantata El retablo de maese Pedro, el 23 de marzo de 1923 no hay motivos para festejar en Cádiz. Tres años antes, allá por el 26 de marzo de 1920 tomaba cuerpo el proyecto de una de las figuras más relevantes de aquellos días y del s. XX, Henry Ford, para la expansión de su brillante compañía automovilística en los mercados de España, Portugal, Italia y el noroeste africano. Nacía la Ford Motor Company, Sociedad Anónima Española.

El revolucionario empresario había elegido Cádiz como sede para su centro de producción en el sur de Europa, debido a la estratégica localización de su puerto para la recepción de piezas desde Norteamérica y la posterior distribución de los vehículos fabricados por el Mediterráneo. No sería el primer coche en ser construido en la ciudad, este mérito correspondía a Francisco Anglada Gallardo y su empresa de automóviles de lujo.

En abril de 1920 veía la luz el primer Ford T gaditano. La dirección de la planta de Ford en Cádiz había previsto cerrar el año con una producción de 2.000 vehículos. Sin embargo, los vagos andaluces cerraron diciembre de 1920 con una producción de 3.446 unidades, rondando el doble de las previsiones para júbilo de todos, teniendo en cuenta además que la producción solo había dado inicio con el año ya bien entrado.

Pero algo así no podía pasar desapercibido ni en la corte madrileña ni entre la sociedad industrial catalana, que ni brilló, ni brilla por su competitividad. Poco duraría la ilusión automovilística en Cádiz, porque a finales de ese mismo año, el gobierno español anularía los acuerdos adquiridos con la compañía para su establecimiento en el sur de España, consistentes en considerar zona franca el puerto de la ciudad para la recepción de los componentes necesarios para la producción en la fábrica.

El presidente del país por aquellos días era un tal Eduardo Dato, del que poco o nada se habla hoy en nuestras escuelas. Conservador, dado que solo votaban unos pocos hombres adinerados, contaba con el beneplácito del rey y las oligarquías del momento. Ni él ni los suyos tuvieron el menor atisbo de dudas a la hora de no cumplir ni con la palabra dada a la compañía ni con los intereses de los gaditanos.

Nada pudo hacer ni el mismísimo Henry Ford contra los visionarios industriales de la alta sociedad catalana, los abuelos de la desaparecida (reconvertida) Convergencia i Unió y demás yerbas, ni contra el conservador gobierno español, con su monarquía al frente.

El americano, un símbolo del avance industrial mundial, se daba de bruces con nuestros anónimos líderes ibéricos, fetiches del absolutismo, la cerrazón y la avara estrechez de miras que nos lastra hasta nuestros días. Para colmo del despropósito, las condiciones que se negaban a Ford para continuar su actividad en Cádiz sí se aceptaban para que la compañía trasladase su planta a la zona franca de Barcelona. Blanco y en botella.

Golpe de Estado

De esta guisa, a 23 de marzo de 1923 ya era oficial: Ford había cerrado su planta en Cádiz para trasladar su producción a Barcelona. Y de propina, unos meses más tarde, Primo de Rivera, con el apoyo del rey y las oligarquías catalanas, tomaría el poder con un Golpe de Estado que erradicaría las protestas de los trabajadores en el país y restablecería de nuevo el orden: su orden.

Mientras, quienes escriben nuestra historia pretenden establecer que el traslado de Ford se produjo debido a una mejor localización de Barcelona respecto de Cádiz, intentando transmitirnos la imagen de una sociedad industrial catalana dinámica y emprendedora, cuando lo cierto es que Cádiz era el local ideal, sus trabajadores eran de primer nivel y la planta cambió de sede como resultado de un nuevo trato de favor a la burguesía barcelonesa por parte de los poderes absolutistas del Estado.

Lejos de la imagen de jóvenes emprendedores que lo arriesgaban todo para lanzarse al mercado, estos eran los empresarios catalanes: unos viejos embutidos en sus pesados abrigos de lana que, puro en mano, se mantenían siempre cercanos a los absolutistas del momento, imponiendo su voluntad a un país sometido a los caprichos de los oligarcas.

Así, el capital de la industria catalana ha ido creciendo desde los inicios de la industrialización a costa de los favores de los poderes imperantes sobre la piel de toro, fuese en forma de monarcas, dictadores o presidentes. Las editoras y los medios de comunicación, localizados en su mayor parte en Madrid y Barcelona, se mantienen aún a día de hoy al servicio de ese capital.

En cuanto a aquella fábrica… Ya en la zona franca de Barcelona, Ford se nacionalizó en los años 50, momento en que pasaría a llamarse Motor Ibérica S.A., acabando en manos de Nissan para, 100 años más tarde de la llegada de Ford a Cádiz, conocerse el anuncio de su inminente cierre. Y lo lamento por sus trabajadores. Ellos, como siempre, son los que menos culpa tienen. Pero ¿qué fue de aquellos 300 trabajadores gaditanos que perdieron tan injustamente su sustento en 1923? No sé si vale la pena imaginar cuántas cosas dejaron de ocurrir en Cádiz y en el resto de Andalucía, fruto de las artimañas de las oligarquías del siglo pasado, antecesoras de nuestras actuales oligarquías.

Plan para Nissan

Pedro Sánchez por su parte, de nuevo en nuestros días, ha anunciado la creación de un plan para afrontar el cierre de Nissan en Barcelona. De nuevo más inversión para Cataluña. Para Cádiz queda el olvido que alimenta el estigma de ser una de las regiones con mayor desempleo de España.

Los medios, desde Madrid y Barcelona, no pondrán de relieve el continuo desprecio que, década tras década, padece esta tierra por parte de los gobiernos centrales y que ha dado origen a esta situación. La gente del sur no hipotecará su sonrisa porque nunca capitalizaron su alma, pero en cualquier caso impera el hartazgo de tener que comulgar con piedras de molino, día sí, día también. Solo una nota, detestables oligarcas: como dice la vieja máxima, los abusos traen arreglos.


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