espejo publico

El momento en el que Lorena García corta al representante de los pensionistas.

Comunicación, Opinión

De pensionistas valientes y periodistas serviles

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A Lorena García, sustituta de Susanna Griso, en el programa de las mañanas de Antena 3, durante el periodo navideño, parece ser que no le gusta la libertad de expresión. O puede que no le guste, según cual sea el tema elegido y como se trate éste. Tampoco sabemos si su reacción fue fruto de órdenes impuestas desde arriba o fue algo que se originó de forma natural en el interior de la presentadora

Sea como fuere, el resultado, las consecuencias de sus reacciones, la han dejado a ella, individualmente, y al programa y a la cadena, como grupo de comunicación, si es que les pareció bien su defensa del poderoso, ya sea por imposición o por defenderla con su silencio, como perros fieles y sumisos, además de beneficiados, de sus amados “amos del sistema”.

Pero habrá que explicar la historia para que la puedan entender. Era una mañana de diario, fría y navideña, donde todos tratábamos de tapar nuestras vergüenzas, menos una presentadora, que calefacción mediante en el plató, se le subieron los humos con un pobre pensionista, y nunca mejor dicho lo de pobre.

La Marea Pensionista protestaba ese día ante el Congreso de los Diputados, una reforma de las pensiones, que son injustas por sus paupérrimas subidas, por las condiciones necesarias para poder optar a ellas y otras muchas cuestiones. El programa quiso ponerse en contacto con el vicepresidente de la Plataforma de Pensionistas Europeos, Antonio García, que aceptó la invitación a participar desde su casa en estos tiempos de covid.

Antonio García dijo cosas que todos sabemos que son verdad. Habló del Pacto de Toledo y de la vergüenza en que se ha convertido. Acusó, y con razón, de que era el lugar donde iban a entretenerse los políticos y que ninguno de ellos lo era realmente, lo de políticos, claro. También dijo que ellos ya tenían una edad como para que les engañaran “los chiquilicuatres de políticos que tenemos”. Cuando escuchó esta frase la presentadora, frunció el ceño, algo se activó dentro de ella, sus entrañas se retorcían, una lavadora centrifugaba en su cerebro y lo único que estaba sucio es lo que salió por su boca. Dijo que no hacía falta faltar el respeto a nadie, que eran personas a las que habían elegido la ciudadanía, que eran quienes nos estaban representando y volvía a pedir respeto para ellos.

Tiene gracia, por no decir algo más barriobajero, que es lo que le correspondería a este compadreo entre los medios y la clase política, que se pida respeto a quienes han provocado, con sus decisiones, que el pueblo viva mucho peor de lo que podría hacerlo. En este país, mientras haya algo de libertad, se podrá criticar a la clase política, se la vote o no, pues mientras se paguen impuestos, la gente podrá quejarse de a dónde va el dinero y qué se hace con él.

Incluso los sintecho, los únicos verdaderamente libres, pueden dar su opinión de lo que les venga en gana y con las palabras que deseen, pues es muy probable que hayan sido ellos, los políticos, los responsables de su situación. Tampoco se puede decir que las palabras utilizadas por Antonio García fueran de una gravedad exacerbada. Llamar chiquilicuatres y poco preparados a nuestra clase política me parece de una bondad infinita. Yo creo que el problema fue que se quedó corto. Ella, la presentadora, que está acostumbrada a moderar en ese mismo programa tertulias políticas, donde sus compañeros de profesión se avergonzarían de sí mismos si fueran tan blandos como lo fue el señor pensionista. Y a fe que son más duros y expeditivos, pero puede que el corporativismo aquí le pueda a Lorena García o a sus jefes.

En una mesa donde están Toni Bolaño o Carlos Cuesta, pedirle moderación a una persona por querer defender lo suyo me parece denigrante e infame. Quiero pensar que no es una cuestión de clasismo, que un periodista con su sesgo ideológico o un político puedan hacer crítica mordaz, porque tienen poder e influencia, pero que un pobre pensionista, un anciano, no nos venga a decir cómo debemos hacer las cosas. Que se vayan a jugar a la petanca o a las cartas y nos dejen en paz.

Vuelvo a repetir que espero que estas no sean las razones, pero me parece que, si no lo son, están cercanas a serlo. Y eso que este hombre, Antonio García, habló de clase política en general y no de partidos o ideologías en particular. Por ello, la crítica al Pacto de Toledo, donde están representados todos los indignos partidos que nos representan. Si hubiera sido así, se hubiera liado de verdad. Habrían salido las hordas de tuiteros furibundos a defender a su partidito de turno. Como no ha sido así, los pensionistas seguirán sin conseguir sus luchas, pues a casi nadie le importa. Por lo menos, ellos sí que son independientes y buscan el bien común. Siguen siendo lo mejor que tenemos con mucha diferencia y ojalá podamos aprender de ellos, mientras no se cansen de nosotros.


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Un comentario

  1. Avatar Eduardo

    Además lo que dice la «periodista» es falso, nosotros no hemos votado a las personas, en todo caso hemos votado a los partidos, luego ellos ponen a quienas les interesan. Tendremos derecho a quejarnos o no? Ademas no les ha faltado.
    Definición de chiquilicuatre:
    1. m. y f. coloq. Persona, frecuentemente joven, algo arrogante y de escasa formalidad o sensatez.

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