flamencos en la laguna de santa olalla

Flamencos en la Laguna de Santa Olalla (Doñana). / CSIC

Medio Ambiente, Política

Así se gestionan las alertas por sequía

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El pasado 13 de abril se presentó, en jornada pública organizada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), la propuesta de revisión de los planes especiales de sequía que se halla en fase de consulta pública hasta el próximo 30 de junio

La presentación de esta propuesta coincide con la preocupante falta de precipitaciones en los últimos meses, generalizada en toda España. Ello ha causado un descenso notable en la cantidad de agua embalsada, con un volumen de reservas que llega a ser crítico en algunas cuencas hidrográficas. Es el caso de las cuencas internas catalanas y del Guadalquivir, que están al 26,1 y 25 % de su capacidad, respectivamente.

Gráfica que muestra la bajada de las reservas embalsadas en los últimos meses.
Evolución de las reservas embalsadas en los últimos años y en el presente año hidrológico 2022-2023. / MITECO

La preocupación es aún mayor si se considera la tendencia de la media de los cinco últimos años, cuando se ha registrado un descenso de tres puntos con respecto al periodo de 10 años.

Además, la ausencia de precipitaciones en los últimos años ha causado el descenso en las reservas de agua subterránea por una menor recarga de los acuíferos, con un aumento significativo del número de masas de agua subterráneas con una tendencia negativa.

Y las previsiones de precipitaciones para los próximos meses tampoco parecen muy alentadoras para una recuperación.

Los planes especiales de sequía

Los planes especiales de sequía (PES) constituyen un instrumento fundamental e imprescindible en la mitigación del impacto ambiental y socioeconómico causado por la escasez de precipitaciones. Las sequías son un fenómeno recurrente en el clima y, aunque se puedan considerar eventos extremos por sus efectos, no son extraordinarios.

Los PES se incorporan al marco general de la planificación hidrológica como un instrumento más. Ahora, se aborda la revisión de los PES vigentes (desde 2018) en el marco de los nuevos planes hidrológicos para el periodo 2022-2027.

En los planes de sequía se identifican dos situaciones derivadas de la ausencia de precipitaciones:

  • La sequía prolongada: definida por una pérdida significativa de humedad en el suelo y los caudales por causas naturales.
  • Una situación de escasez coyuntural: de trascendencia fundamentalmente socioeconómica por la limitación del recurso para satisfacer las demandas de diferentes usos establecidas para condiciones de “normalidad”.

Los PES se desarrollan de forma concreta para cada demarcación hidrográfica atendiendo a sus singularidades, diferenciándose unidades territoriales de sequía y unidades territoriales de escasez, sobre las que se aplican los indicadores de estado obtenidos a partir de diferentes variables hidrometeorológicas e hidrológicas.

La comparación de estos indicadores con umbrales normalizados permite diagnosticar en qué escenario se halla la unidad territorial y, de acuerdo con su nivel de gravedad, activar y aplicar las acciones y medidas de gestión correspondientes.

Mapa con algunas regiones de Cataluña y Andalucía en color naranja por la sequía.
Situación respecto de la sequía prolongada en marzo de 2023. / DIRECCIÓN GENERAL DEL AGUA
Mapa de la península con la cuenca del Guadalquivir en rojo por emergencia de escasez de agua y las cuencas del Tajo, Guadiana y Ebro en amarillo (en alerta).
Situación respecto de la escasez coyuntural en marzo de 2023. / DIRECCIÓN GENERAL DEL AGUA

Acciones frente a la sequía y la escasez

Si se supera el umbral crítico, se declara el escenario de sequía prolongada y las acciones a llevar a cabo se basan en la exención de cumplimiento de los objetivos ambientales y la adopción de caudales ecológicos menos exigentes. Es decir, se trata de asumir una situación ambientalmente excepcional.

En el caso de la escasez coyuntural, se establecen cuatro escenarios de ocurrencia: normalidad, prealerta (escasez moderada), alerta (escasez severa) y emergencia (escasez grave).

A partir de la situación de prealerta, se activan acciones y estrategias de gestión del recurso que incluyen una mayor vigilancia y seguimiento de las medidas y actuaciones establecidas en el plan hidrológico (así como de los indicadores de estado), medidas de concienciación y ahorro (incluso restricciones), gestión y utilización de recursos estratégicos y modificaciones en los sistemas de explotación.

Medidas en escenarios de alerta y emergencia

El escenario de alerta corresponde a una situación con problemas de disponibilidad de agua significativos, en la que no se puede atender la demanda de forma satisfactoria. Entonces se adoptan medidas coyunturales de gestión que, por una parte, han de mitigar los impactos socioeconómicos y ambientales. Y por otra parte, evitar que se llegue al escenario de emergencia.

Las medidas excepcionales sobre la demanda que pueden aplicarse incluyen:

  • Abastecimiento urbano: reducción del volumen de agua suministrada, activación de planes de ahorro y restricciones en usos no esenciales.
  • Abastecimiento agrícola: reducción de volumen de agua suministrada para regadío.
  • Abastecimiento para otros usos: vigilancia (y penalización, si procede) en aprovechamientos y vertidos. Ajuste del programa de desembalses hidroeléctricos.

Las medidas coyunturales sobre la oferta se basan fundamentalmente en una reasignación de esta para garantizar unos mínimos de suministro para los diferentes usos. Estas medidas incluyen:

  • Activación de planes de emergencia en los sistemas de abastecimiento que dispongan de ellos (los sistemas de abastecimiento urbano para poblaciones que excedan 20.000 habitantes han de tener esos planes).
  • Activación de medidas excepcionales de aprovechamiento y control de caudales por los organismos de la cuenca.
  • Incorporación de recursos no convencionales y estratégicos (por ejemplo, aguas subterráneas).
  • Activación de transferencias internas y externas de recursos.
  • Reducción de caudales ecológicos mínimos, cuando la situación se solape con el escenario de sequía prolongada.

Sin embargo, la implantación de esas medidas puede ser lenta, ineficaz o incluso imposible si no se adoptan desde una adecuada gobernanza. Y, en ella, es esencial la participación de todos los agentes implicados y a todos los niveles con el objetivo común de la mitigación del impacto (y también de la adaptación a escenarios que se prevén más recurrentes) de la escasez de agua.

Ahora, con los PES en consulta pública, tenemos la oportunidad de mejorar estas herramientas de gestión de la sequía.


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