antes de c

Una mujer reza en una iglesia con mascarilla. / EFE

Cartas al director

Antes de C. y Después de C.

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Así se configuró nuestro calendario toda vez que, en el siglo VI, un Papa diera el encargo de fijar el Nacimiento de Jesús a un monje llamado Dionisio. Este, al parecer, equivocó en algunos años este acontecimiento y es posible que la fecha actual desde que se implantó el Antes de C. y el Después de C. no sean del todo correctas

Hecha esta apreciación, no es de historia antigua de lo que va esto. Es de fijar una similitud entre lo que para los creyentes supuso esa fecha del Nacimiento del Salvador y sus consecuencias y traerlas al tiempo actual.

Se hablará por decenios de Antes de Coronavirus y Después de Coronavirus. Si el Nacimiento al que se alude marcó el devenir de los años para los creyentes, el coronavirus va a marcar las vidas de creyentes, agnósticos y demás seres humanos.

Se podrían establecer en nuestro país algunas analogías en cuanto a nombres que estaban en los inicios de aquella nueva era y a algunos que son habituales en el Gobierno. No vamos a mencionarlos a todos porque son más incluso que los conocidos apóstoles. Nos vamos a quedar sólo con algunos y, al igual que la Historia les ponía sobrenombres a los personajes, les pondremos esos calificativos a algunos de los rostros de nuestro Gobierno.

Hay cuatro personajes ilustres que parecen más afines a los cuatro jinetes del Apocalipsis que a unos servidores públicos. Así pues, el tándem Pedro y Pablo encabezarían esta lista. El primero sería El Encantado de Conocerse y al segundo le pondríamos El Trepa. El llamado por todos Salvador pasaría con el sobrenombre de El Liquidador y, para el que llaman F. Simón, le añadiríamos El Enterrador.

El primero está encantado de ser presidente y pasea su condición por las pasarelas europeas, donde cree que es alguien y al que todos ignoran. Sin importarle un ápice lo que sucede a su alrededor, sólo espera aplausos y parabienes de sus acólitos. Diríase que está pasmado. Su socio más inmediato ha ido trepando por la enredadera de la política deshaciéndose de compañeros de viaje molestos para finalmente abrazar el poder. El tercero de este culebrón filosofa con la muerte de las personas, no sintiéndose capaz de tomar decisiones de calado para no molestar demasiado. Y el último de este póker es alguien al que le ponen lo que tiene que decir y, como la voz de su amo, parlotea y parlotea sin decir nada. A veces carraspea y nos damos cuenta de que tiene una mano metida por el jersey que determina sus movimientos.

Hay otro que está siempre en órbita y no se le ve. Otro, transportado posiblemente a otro país, ya que desconoce este y que cuando abre el frigo de su casa y ve hielo, se queda petrificado. Otro, consumiendo cada vez más a los que tienen que servir ese consumo y que jamás ha visto la hoz y el martillo ni otra herramienta que sirva para trabajar. Otro, como no se puede asistir a clases, tiene dedicación on line. La de la doble A al final, liándolaa.

Podríamos llegar así hasta los 22, pero sería dedicarles más tiempo del que sin duda merecen.

Esta será sin duda una nueva era. Antes de C. (Coronavirus) y Después de C. (Coronavirus). Esperemos que pase la pandemia y podamos poner a cada cual en el lugar que le corresponde y que, en este caso, sea fuera de una representación de un pueblo al que no representan en absoluto.

Juan Gómez (Cádiz)


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